La pérdida de la personalidad jurídica del Partido Comunes marcó el cierre de una fase clave del proceso de reintegración política que resultó del acuerdo firmado entre el Estado colombiano y las ex guerrillas de las FARC. La comunidad no logró superar el umbral del 3% de los votos en las recientes elecciones parlamentarias, lo que significa que deja de existir como organización política reconocida por el sistema electoral.
Esta situación abre un nuevo capítulo en el debate nacional sobre los alcances del acuerdo de paz firmado en 2016 bajo el gobierno de Juan Manuel Santos y plantea interrogantes sobre las garantías de participación política de los excombatientes y el mensaje que este hecho envía a los actuales procesos de negociación con los grupos armados.
Última edición de ‘Dialoguemos’, de , con la participación del analista político Esteban Salazar y Luis Emil Sanabriadefensor de los derechos humanos y fundador de Redepaz.
Inicialmente, cabe señalar que tras la firma del acuerdo de paz, la ex guerrilla se transformó en un partido político con el objetivo de trasladar su actividad del escenario armado al democrático. Como parte del acuerdo, el estado tiene garantizados diez escaños en el Congreso durante dos mandatos legislativos, entre 2018 y 2026: cinco en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes.
Este mecanismo buscaba facilitar la transición de los excombatientes a la política institucional. Sin embargo, al final de ese período de garantía, el partido tuvo que competir en igualdad de condiciones con otras fuerzas políticas del país. En las últimas elecciones, la comunidad no logró alcanzar el umbral mínimo de votación legalmente establecido, lo que llevó a la pérdida de su personalidad jurídica y, en consecuencia, a su desaparición formal del sistema de partidos.
“Creo que este es un mensaje doloroso para la sociedad, para el Estado y para lo que queremos que sea el cambio de la cultura de paz porque es una exclusión definitiva. Es decir, la sociedad colombiana, la sociedad política, la sociedad económica y la ciudadanía en general no entendieron lo valioso que es que un grupo armado deponga las armas, firme un acuerdo de paz y decida actuar en política, y eso no fue fácil de lograr, no fue fácil de lograr. Debimos haber ayudado a las FAR a hacerlo”, dijo Sanabria.
En este sentido, cabe señalar que durante estos años el partido enfrentó diversos desafíos: las dificultades para construir una base electoral sólida, la persistente estigmatización social de los ex combatientes y la complejidad de adaptarse a un sistema político competitivo. A pesar de tener representación en el Congreso, su presencia electoral fue limitada y no logró consolidarse como una fuerza política relevante en el escenario nacional.
Sin embargo, la desaparición del partido provocó diferentes interpretaciones entre analistas y sectores políticos. Para algunos, el hecho demuestra que el país ha respetado lo acordado en el acuerdo de paz. El sistema garantizaba la participación política durante ocho años, pero al final de ese período el partido debía conseguir el apoyo de los ciudadanos a través de las urnas. Una situación que no sucedió.
«Hay que reconocer que esta concesión que hizo el Estado tenía un plazo establecido. Así lo establece el punto uno del acuerdo de paz (…) Nuestra democracia es representativa y participativa. Cuando hablamos de ser representativa, debe competir en el mismo marco electoral con otros partidos y otras fuerzas políticas. Y eso, según los resultados que se dieron en la coalición con Fuerza Ciudana, no fue un Estado exitoso el que triunfó aquí. Se ubica en el marco de la democracia institucional», dijo Salazar.
Otros sectores creen que el resultado muestra las dificultades estructurales que han enfrentado los excombatientes para integrarse plenamente a la vida política. Señalan factores como la violencia contra líderes sociales, la persistencia de grupos armados en varias regiones y el incumplimiento de algunas obligaciones de inversión territorial estipuladas en el acuerdo.
¿Qué hubiera pasado si los Comunes no se hubieran ganado el favor político de los colombianos?
Se pensaba que serían parte de una estructura política sólida y unificada, sin embargo, en junio de 2022, un total de 100 miembros del Partido de la Comuna enviaron una carta a las directivas comunitarias, expresando su decisión de retirarse de esta agrupación política.
Reveló su descontento por el trato que le dio su líder político Rodrigo Londoño (Timochenko), quien aparece poco en el debate político y ha sido tildado de «autoritario y excluyente».
El grupo de personas que abandonaron el Partido Comuna estaba encabezado por los ahora excongresistas Victoria Sandino, Israel Zuñiga (conocido como Benkos Biohó), Milton de Jesús Toncel Redondo (conocido como Joaquín Gómez) y Benedicto González.
Los congresistas de la época también afirmaron que las decisiones del colectivo se tomaban unilateralmente, sin tener en cuenta la opinión del resto de los miembros de su partido. Fue así como pidieron una escisión, lo que nunca se produjo por las condiciones del partido, que no llegó al Congreso de la República mediante votación electoral, sino mediante un acuerdo firmado entre el entonces grupo armado ilegal -FARC- y el Estado colombiano.
Lo anterior significó la salida de Victoria Sandino de la banca partidaria en el Senado de la República al finalizar el período legislativo 2018-2022.
También se señaló que el primer error de los Comunes fue llamar a su partido FARC, nombre que es poco recordado por todos los hechos que la extinta guerrilla realizó en el marco del conflicto armado y que los colombianos aún no olvidan. También por el reducido número de resultados que dejó la implementación de la justicia transicional llevada a cabo por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). A lo anterior hay que sumarle un poco de disposición que han mostrado en relación a la reparación a las víctimas.
Más allá del destino de la organización política, este episodio tiene implicaciones para las negociaciones del Estado con otros actores armados, como el Ejército Popular de Liberación, como parte de la política de paz impulsada por el gobierno de Gustav Petr.
Uno de los puntos centrales de cualquier acuerdo de paz es la posibilidad de que los grupos armados abandonen la guerra y participen en la vida política sin recurrir a las armas. En este contexto, la experiencia del Partido Comunes se convierte en un precedente inevitable.
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Algunos expertos advierten que la desaparición del Partido de las Comunas podría generar dudas entre las organizaciones rebeldes sobre las garantías reales para su participación política. Otros, sin embargo, creen que el caso muestra que la transición a la política debe ir acompañada de procesos sólidos de construcción de liderazgo y apoyo ciudadano.
A casi una década de firmar el acuerdo con las FARC, Colombia aún enfrenta el desafío de consolidar la paz en los territorios más afectados por el conflicto armado. Regiones como Catatumbo, Cauca o Bajo Cauca siguen registrando altos niveles de violencia vinculados al narcotráfico, la minería ilegal y la presencia de múltiples grupos armados.
En este contexto, la desaparición del partido Comunes deja una lección compleja: la transición de la guerra a la política es posible, pero su sostenibilidad depende de factores mucho más amplios que la simple apertura de espacios institucionales. El desafío ahora es determinar si la experiencia servirá para fortalecer futuros procesos de paz o, por el contrario, se convertirá en un obstáculo para quienes aún piensan en deponer las armas y participar en política.