Él Concejo la ciudad está lista para discutir -en segundo debate- la propuesta de presupuesto 2026 para Bogotá. La propuesta presentada por el alcalde Galán da continuidad a la ruta de presión que condiciona la vida cotidiana de las personas con pagos excesivos de ganancias en torno a grandes obras, al tiempo que se abordan aspectos claves como la vida juvenil en el barrio, la recreación y el deporte, el arte y la cultura, el mejoramiento de la vivienda y el hábitat, la gestión de riesgos, la vida de las mujeres y el sistema de cuidados, el fortalecimiento de la economía nacional, el sacrificio y la participación. Aunque el primer debate intentó ajustar la situación en algunos de estos temas, el problema es estructural. En mi calidad de orador coordinador de este proyecto, hice una presentación NEGATIVA y aquí les doy parte del motivo.
El presupuesto total será de 40.400 millones de pesos, pero más de la mitad (21.300 millones) está reservado para el desarrollo de Transmilenio y el metro. Sin duda son obras que la ciudad requiere, pero ¿a qué costo y bajo qué esquema? La forma en que las concesiones realizan estas obras es objeto de debate desde hace más de una década en la ciudad, ya que los beneficios de los operadores de «servicios» son muy altos, mientras que el condado tiene que absorber los grandes costes de mantenimiento, renovación y logística básica. Esto es desequilibrado con el público. Además, la persistencia de este modelo en el tiempo genera un déficit insostenible, que en el caso de Bogotá es el Fondo de Estabilización Tarifaria, cuyo monto ya supera los 3,200 millones de pesos y sigue alimentando la lógica de más endeudamiento, cada vez que Bogotá requiere la ampliación y/o mejora del transporte público; condicionando las decisiones de ciudad de las futuras administraciones y generaciones. Además, a pesar del discurso de «vamos adelante» que la administración intentó posicionar entre selfies y anuncios, lo cierto es que en 2025 no se avanzó en la preparación de la 2ª línea del metro, a pesar de que había fondos importantes para ello; Se trata de una decisión política, no sólo de un descuido administrativo, e implica que no se harán esfuerzos significativos para mejorar la movilidad pública a través del metro, sino que se perpetuará la dependencia de Transmileni, que ya ha demostrado sus límites y su incapacidad para ser la columna vertebral del transporte. Decisiones cuyos costes los pagamos todos los que pagamos impuestos, vivimos y trabajamos aquí.
El rechazo a la propuesta de Galán no se debe sólo a esa arbitrariedad, sino también a otras características que tiene la propuesta presupuestaria. Por un lado, promueve una reforma insidiosa del funcionamiento institucional de la ciudad: fortalece el nivel central del sector (Secretaría) con 391 mil millones de pesos que se apropian, mientras que las entidades descentralizadas, que están más presentes en la vida cotidiana de los ciudadanos comunes, son sofocadas, los 280 mil millones de pesos que les quitan son vitales para el pueblo.
Esta administración tiende a no respetar los procesos de ciudad que vienen de antes, pero tampoco los que ella misma propuso y prometió. Respecto al primero, basta ver el sistema de políticas públicas de Bogotá, 15 de ellas tienen reportes de avance negativos, entre ellos: salud mental, migrantes, familias, acción comunitaria, territorio inteligente de Bogotá, actividades sexuales remuneradas, economía cultural, seguridad, economía circular, comunicación comunitaria, movilidad, hábitat, Indígena Raizal. El plan de desarrollo del Distrito se implementa a través de mil 537 actividades, de las cuales una quinta parte (277/18%) tiene menos del 50% de ejecución, razón por la cual cerca de 4 mil 700 millones de pesos no se han implementado.
En cuanto al segundo, es importante considerar el caso Secretaría de Seguridad, Convivencia y JusticiaLa entidad en el centro de la promesa «Bogotá Camina Segura» de Galán, sin embargo, es una de las que peor desempeño tiene (apenas el 65% al 23/25 de noviembre). Si bien la entidad no puede hacer lo que se le otorgó en 2025, tiene un presupuesto mayor para 2026, mientras que las entidades que tuvieron un buen desempeño fueron castigadas. Es una lógica que no está en armonía con la ciudad. Cosas como esta han hecho que Bogotá pierda su lugar en el Índice de Desempeño Fiscal del Departamento Nacional de Planeación (2025).
Finalmente, hay una serie de factores macro que también ponen en duda el modelo financiero de la ciudad, discusión que la administración Galán no permite: parte de los síntomas muy preocupantes es el deterioro fiscal de corto plazo, el aumento del servicio de la deuda (49%) que limita otros costos y la volatilidad de los ingresos y de sectores claves -la caída de los recursos de capital, menor dinámica de recaudación del ICA-. Estas son las preguntas que seguiremos para impulsar los cambios necesarios en la gestión económica de la ciudad.
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Estas críticas no están dirigidas sólo por la oposición política que hacemos, el gobierno de Galán está en una crisis de opinión pública. La última encuesta «Bogotá Como Vamos» muestra que sólo el 26% de los bogotanos aprueba la gestión del alcalde, mientras que la sensación de corrupción e inseguridad alcanza el nivel más alto desde 2012 y 2008, respectivamente. Bogotá no camina segura, ni camina bien, urge el cambio.
Donka Atanasova
Concejal de Bogotá