

Desde primeras horas de la mañana, el puente internacional Simón Bolívar se encuentra resguardado por tres tanques del Ejército Nacional, varias patrullas de la Policía y funcionarios de Migración Colombia. El despliegue, visible del lado colombiano, en el sector La Parada, no altera el flujo diario.
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Pese a las imágenes de tensión que circularon durante las primeras horas de la mañana desde Caracas, la normalidad se impone desde temprano en la frontera. Gente entrando y saliendo, motos avanzando en fila y peatones cruzando a pie marcan una jornada que transcurre sin incidentes.
Así luce la frontera entre Colombia y Venezuela en medio de la crisis. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
En el centro del puente, justo en el límite fronterizo, dos uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana observan el tránsito con aparente calma. La mayor parte del tiempo mantienen la mirada fija en sus teléfonos móviles, como si buscaran entender, en tiempo real, lo que sucede en su propio país.
Esporádicamente, los uniformados detienen algunos vehículos que salen de Venezuela y entran a Colombia. Te hacen preguntas breves y te permiten continuar el paso. No hay tensión visible. Todo transcurre con una tranquilidad que contrasta con otras fechas, cuando el cierre de la frontera parecía una medida inminente.
Así luce la frontera entre Colombia y Venezuela en medio de la crisis. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Fanny Bermúdez camina lentamente. Tiene 67 años y camina hacia adelante del brazo de su marido. No mira a los lados. Mira hacia delante, como si cruzar fuera una tarea que exigiera concentración. Cuenta que un familiar la llamó desde Caracas cuando aún era temprano en la mañana y que desde entonces no pudieron dormir. “La noche fue larga”, resume. En San Antonio del Táchira, dice, algunos negocios no abren. “Hay ansiedad”, explica.
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Habla de sentimientos encontrados. De una alegría breve, casi culpable, y de una desconfianza que no desaparece. “Uno quiere una Venezuela libre, claro”, dice, pero inmediatamente aclara que le preocupa que “serán los civiles los que acaben pagando”. Sigue caminando. No se detiene. El puente no es un lugar para detenerse a pensar demasiado.
Fanny Bermúdez, de 67 años, caminó con su esposo para llegar a Colombia desde Venezuela. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Unos metros más atrás se encuentra María José Saavedra. Ella viene de Rubio, a dos horas de Cúcuta, con su esposo y su hija de siete años. Habla rápido, duda en dar su opinión. Dice que los transportistas son reacios a salir a las vías del Táchira y que quienes lo hacen «duplican el valor del billete». Dice que no están contentos con lo sucedido en Caracas. “Hay muchas vidas en peligro”, repite.
Lo que más le preocupa es no poder salir. “Teníamos miedo de que cerraran la frontera”, confiesa. Por eso cruza tan pronto como puede. Dice que no hubo registros, que nadie los detuvo, que el paso fue directo. Lo dice como quien aprecia algo mínimo.
María José Saavedra cruza la frontera con Venezuela junto a su esposo y su hija de siete años. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Minutos después, una pareja camina de regreso a Colombia. El cansancio se nota en sus rostros. Viajó desde el Valle del Cauca con su esposa para visitar a su familia en Venezuela, pero al llegar a las oficinas consulares no encontró funcionarios. «No hay nadie que selle los pasaportes. Nadie da respuestas. Tuvimos que regresar», dice resignado.
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Se enteró de lo que pasaba en Caracas a través de llamadas y mensajes, como casi todos. La noticia le llegó a través de las voces de otros. Ahora busca boletos para regresar a Cali. Habla de su país con una mezcla de rabia y tristeza. “Si no se va toda la estructura de poder, esto seguirá igual”, afirma, antes de continuar camino hacia el terminal terrestre de Cúcuta.
Viajó desde el Valle del Cauca con su esposa para visitar a su familia en Venezuela. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Alrededor la gente sigue cruzando. Unos entran, otros salen. Nadie corre. Nadie grita. La frontera se mueve con esa frágil normalidad que se aprende con los años. En el puente y sus alrededores no se habla de geopolítica ni de estrategias militares. Tú caminas. Se cruza. Él se da vuelta. El comercio continúa su curso diario.
Andrés Carvajal Suárez
Por EL TIEMPO – Cúcuta