
Mientras no hay dinero, Petro viaja por el mundo a costa del gobierno
Bogotá, 27 de diciembre de 2025. Mientras el gobierno afirma que las finanzas públicas atraviesan un momento crítico, las cifras oficiales sobre los viajes internacionales del presidente Gustavo Petro cuentan una historia diferente. Entre agosto de 2022 y noviembre de 2025, el jefe de Estado realizó 58 viajes al extranjero que le costaron al Estado colombiano más de 22.000 millones de pesos, cifra que hoy alimenta una creciente disputa por las prioridades, la coherencia fiscal y el uso de los fondos públicos.
La información, difundida por la Fuerza Aérea Colombiana tras una solicitud formal de la senadora María Fernanda Cabal, detalla los gastos acumulados. Sólo el combustible del avión presidencial FAC0001 superó los 12.000 millones de pesos. A esto se suman más de 10.300 millones de pesos adicionales –unos 2,6 millones de dólares– para alojamiento, transporte terrestre y alimentación de la comitiva presidencial durante los viajes.
La velocidad de desplazamiento es una de las cosas que más llama la atención. En tres años, Petro salió del país una media de 1,45 veces al mes, es decir, casi cada tres semanas. Los destinos abarcaron cuatro continentes y una larga lista de capitales políticas y económicas: Washington, Nueva York, Madrid, París, Berlín, Bruselas y Beijing, entre otras. En algunos casos, un solo viaje incluía escalas en varios países, lo que aumentaba los costos operativos.
El debate no se limita a la magnitud del gasto, sino al contexto en el que tiene lugar. Colombia enfrenta restricciones presupuestarias, recortes en diferentes sectores y una emergencia económica decidida por la propia Comisión, justificando nuevas cargas tributarias y ajustes que afectan directamente a los ciudadanos. Para amplios sectores políticos y económicos, el contraste es difícil de defender: recortes a la población, pero una agenda presidencial global sin una contención visible.
La oposición en particular ha sido feroz. María Fernanda Cabal sostiene que el problema no es sólo cuánto se gastó, sino qué se recibió. En su opinión, los viajes no significan beneficios reales para el país, como inversiones significativas, acuerdos comerciales estratégicos o mejoras tangibles en la posición internacional de Colombia. «Dicen que no hay dinero, pero los números muestran que sí había dinero para viajar», afirmó el senador, cuestionando la versión oficial.
Más allá de la intersección política, el caso pone sobre la mesa un debate fundamental sobre la política exterior del actual gobierno. Petro ha elegido una intensa presencia internacional, con discursos de alto perfil en foros multinacionales y una agenda diplomática caracterizada por una postura ideológica. Sin embargo, hasta el momento no existe un balance oficial preciso que relacione el coste de estos viajes con resultados mensurables para la economía o la seguridad del país.
Las comparaciones con administraciones anteriores refuerzan el argumento. Según los críticos, ningún presidente colombiano reciente registró tantos viajes internacionales durante un período similar, lo que hace que este patrón sea más la excepción que la norma. La falta de explicaciones claras sobre los criterios de gasto y de evaluación del impacto aumenta las sospechas de despilfarro.
En un país donde el discurso público pide «apretarse el cinturón», las cifras de viajes del presidente se han convertido en un símbolo incómodo. No se trata sólo de una cuestión de vuelos, hoteles o gastos de viaje, sino de una señal política: la de un gobierno que predica la austeridad, pero cuyas prácticas –al menos a nivel internacional– parecen ir en la dirección opuesta. Ahora se conoce el costo; Lo que aún falta es un beneficio real para los colombianos.