Las campañas políticas tienen que ver con la continuidad o el cambio. El pacto histórico expresó abiertamente que su campaña es una campaña de continuidad, de «elección de otro gobierno progresista» y la razón es elemental: el gobierno de Pedro es percibido como positivo por un porcentaje muy significativo de los ciudadanos, en promedio entre el 40 y el 45%.
La naturaleza de esta aprobación es paradójica y también explica por qué el crecimiento candidatura Por Iván Cepeda.
En la investigación cualitativa, las personas expresan que no recibieron un beneficio directo del gobierno, pero al mismo tiempo están convencidas de que esto se debe a que a Petar «no se le permite» lograr sus objetivos de gobierno, es decir, que la aprobación se basa en el juicio de la sinceridad de la intención, y al mismo tiempo en la moralidad intrínseca de la propuesta, pero no en la forma en que la gente simplemente se determina a sí misma, no sabe cómo determinarlo con justicia.
Por eso la campaña del Pacto crece constantemente, porque además de continuidad, promete llevar a cabo transformaciones que a Peter no se le permitió hacer.
Como toda simplificación, la descripción anterior conlleva simetrías y supuestos erróneos, pero describe en términos generales la dinámica más visible de un aparato simbólico complejo que sólo puede entenderse en el marco del concepto que Carl Schmitt propuso sobre la naturaleza del poder: «Todos los conceptos políticos significativos de la teoría moderna del Estado son conceptos teológicos secularizados».
Si es una campaña por la continuidad, ¿qué es una campaña por el cambio? No existe. La narrativa política de la oposición se basa únicamente en evitar la continuidad.
No tiene una narrativa sobre el cambio, sobre lo nuevo, sobre la gran transformación. No promete, y cuando lo hace, es un regreso al pasado, al mundo ideal antes de Peter, además, en el momento más serio para la supervivencia de la democracia, decidieron infantilizar al electorado, un electorado al que realmente hay que tomar en serio.
Entre monos y dibujos animados, hay algunas ideas destacables. El concepto de “nunca contra siempre” tiene un gran valor político, sobre todo porque redefine el estado del ciudadano, ya no por clase, que es la base de la campaña por la continuidad, sino por la posición del pueblo frente al poder, es al mismo tiempo una interpretación ético-histórica, que deja atrás la política y entra en lo político.
Pero funciona más como un eslogan que como una narrativa consistente del cambio que supondría la formación del país para siempre. Se trata de la campaña de Abelardo, porque en el establishment no sabes si estás viendo un episodio de Barrio Sésamo o una pieza de comunicación política.
En cualquier caso, el miedo que moviliza a la oposición es tan pronunciado que votarán por cualquier figura que pueda reemplazar al pueblo de Pacto, pero una campaña que promueva una narrativa de cambio es más efectiva que la mera posibilidad de organizar el miedo.
Jaime Arango