Cuando quedan seis meses para el final de la primera legislatura en Senado de la RepúblicaLa senadora del Pacto Histórico Martha Peralta analiza los desafíos políticos que ha tenido que enfrentar, las tensiones estructurales en el Congreso y la defensa decidida de las reformas sociales del gobierno de Peter. Además, reflexionó profundamente sobre las dificultades que supone representar a La Guajira y al pueblo Wayuu en un escenario donde, según afirmó, «todavía existen profundos prejuicios e incomprensiones».
Está a punto de terminar su primer mandato en el Senado. ¿Disfrutaste la actividad legislativa?
Martha Peralta: Fue un trabajo muy exigente en esta primera experiencia en el Congreso de la República. Sin embargo, creo que estamos a la altura de los retos, de los desafíos sin precedentes y de las responsabilidades que hemos asumido defendiendo las reformas sociales: de pensiones, laboral y, por supuesto, sanitaria, que seguimos apoyando firmemente.
¿Imaginaste un ritmo tan intenso o pensaste que sería una tarea más pausada?
Martha Peralta: Nunca imaginé un ritmo tan vertiginoso. Lo que siempre he tenido claro es la necesidad de seguir trabajando para que en el Congreso prevalezcan las voces que verdaderamente quieren proteger y proteger dignamente los derechos de la población más vulnerable, voces que luchan por una auténtica justicia social para Colombia. Esa ausencia es palpable en esta corporación. Por eso el ambiente se vuelve tenso: hay una polarización de intereses que enturbia el debate. Sin embargo, creemos que prevalecerá la voluntad de la mayoría de la sociedad, y no la inercia que a veces bloquea proyectos diseñados para el bien común.
¿Vienes de La Guajira, una región que, incluso en el resto del país, sigue siendo bastante desconocida? ¿Qué tan complejo fue explicar que las dinámicas de vida allí distan de las de Bogotá?
Martha Peralta: Era necesario romper con prejuicios muy arraigados. Algunos creen que por ser de un departamento como La Guajira nos falta el conocimiento o la responsabilidad para abordar ciertos temas; Otros asumen que por pertenecer a un pueblo indígena estamos condicionados o limitados. Sin embargo, nos preparamos y entregamos para el país. Esa creencia es lo que nos anima a buscar un escaño en el Congreso una vez más.
¿Y sus colegas entendieron estas diferencias culturales y territoriales?
Martha Peralta: Hay un profundo desconocimiento sobre las formas de vida de nuestras comunidades. A veces sienten que por ser indígenas tenemos que ajustarnos a moldes ajenos: incluso han intentado quitarnos nuestra identidad sugiriendo cómo debemos vestirnos. Algunas personas se sienten incómodas con una mujer indígena como yo, vestida con una manta y un sombrero, tomando asiento y actuando como portavoz activa en el Congreso. Este malestar revela un desconocimiento de la realidad territorial; muchos nunca salen de Bogotá o de su escritorio.
¿Logró transmitir que las soluciones para el país no deben pensarse sólo desde Bogotá?
Martha Peralta: Sí, y cada vez hay más conciencia de ello. La ciudadanía busca líderes arraigados en los territorios, que conozcan de primera mano las dificultades de las comunidades y que aprueben leyes desde la empatía y la humanidad. Esta proximidad a la gente cambia la forma en que entendemos la tierra.
Su nombre estuvo involucrado en varias controversias públicas. ¿Cómo será ese capítulo una vez finalizado el período y cómo planea abordarlo en el futuro?
Martha Peralta: Me siento absolutamente en paz. No tengo ninguna investigación formal en mi contra. Hay investigaciones preliminares, lo cual es natural en esta profesión, especialmente cuando toca los intereses de grandes sindicatos económicos que se resisten al cambio. Pero allá vamos. Éramos duros; He usado mi manta con orgullo y continuaré haciéndolo sin dudarlo.
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