La utopía de un hombre cansado es el título de un cuento de un gran escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) publicado en su obra El libro de arena de 1975. Allí, el narrador cuenta su fantástica historia sobre el encuentro con un hombre del futuro que le cuenta que en el mundo del futuro los gobiernos han ido desapareciendo poco a poco, entre otras cosas, porque han convocado elecciones, declarado guerra e impuesto impuestos, confiscado riquezas y tratado de encontrarse en el planeta, pero obedeciendo una orden. Ante ellos, la prensa dejó de prestarles atención y por ello los políticos tuvieron que buscar trabajos honestos y convertirse en comediantes o buenos curanderos, lo que aparentemente lograron.
En esta narración de Borges, el hombre del futuro le comenta al narrador de la historia, representado por un personaje llamado Eudoro Acevedo, que en el futuro no hay conmemoraciones, ni centenarios, ni efigies de muertos, y que cada uno debe producir por sí mismo el arte y la ciencia que necesita, así mismo, cada persona (debe ser la suya) Bernardes Shaw (287 a.C.-212 a.C.), es decir, en esa utopía futura descrita en este relato, cada individuo en el futuro probablemente dejará de ser personalidad y se convertirá en un sujeto único eligiendo lo que quiere ser, cómo quiere ser y cómo se identificará. Es una historia donde cada personaje tiene que construirse a sí mismo y construir sus propias reglas, es una especie de anarquía colectiva.
El texto de Borges es un precursor de lo que se observa hoy. Los nuevos ciudadanos encarnan nuevas ciudadanías en las que no existe un sentido de respeto por la autoridad en la misma medida en que se ha perdido la disciplina cívica en Occidente. Los jóvenes de hoy son la generación más dedicada al Planeta, y paradójicamente, son la generación menos dedicada al pasado, que no es más que la memoria que guardamos, y sin esa memoria no hay futuro. Esta es una generación que quiere vivir la vida al máximo como si sus deseos, caprichos y satisfacción personal fueran lo más importante. Se habla mucho del otro y del colectivo, pero poco o nada hacen por el otro y el colectivo, sólo se piensan constructores de sus propias utopías. Se fortaleció la individualidad como manifestación del libre desarrollo de la personalidad, pero se redujo el compromiso con los demás. Ya no basta con ser único, diferente y original, sino querer tenerlo, hacerlo, expresarlo e imponerlo. La norma parece no tener sentido para el hombre del futuro que vive más por la pasión y el deseo personal de disfrute que por la existencia.
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El individuo actual centra su bienestar en el disfrute, como si disfrute y bienestar fueran sinónimos. Por eso, el corto trayecto, las menores dificultades y el tiempo libre son los privilegios que destacan. Lo anterior no es bueno, ni es malo, ni está bien ni está mal, simplemente es, está sucediendo y está sucediendo. La búsqueda del ser está en constante expansión, mediada hoy por la inteligencia artificial; La vida para muchas personas transcurre en entornos digitales, muchos quisieran ser avatares en una potente red de amigos virtuales en escenarios con más derechos que una inexistente, por no decir nula, lista de deberes. Los niños de hoy son educados con un amplio catálogo de derechos, sin obligaciones bajo su jurisdicción.
Al igual que el personaje de Eudor Acevedo en la historia en cuestión, avergüenza la fragilidad humana. Lo que no se desconoce representa debilidad moral. La sociedad humana está en constante evolución, alejándose cada vez más de su Creador.
León Ferreira