

La frase cayó como un balde de agua fría en medio del Consejo de Ministros celebrado en Montería: no hay dinero. No fue una expresión aireada ni una exageración política. Fue la conclusión directa de director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Carlos Carrillo, al describir la magnitud real de la emergencia invernal que azota a varias regiones del país y, sobre todo, la incapacidad financiera del Estado para afrontar la fase más compleja: la recuperación del departamento de Córdoba.
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Carrillo explicó que la reunión de alto nivel tenía un objetivo concreto: evaluar si el Gobierno debería firmar un decreto de emergencia económica, social y ambiental, una herramienta excepcional que permitiría mover los recursos más rápidamente. Sin embargo, su intervención dejó claro que el problema va más allá de un procedimiento administrativo. El dinero disponible no alcanza, ni siquiera sumando los presupuestos departamental y nacional.
A diferencia de otros pronunciamientos oficiales enfocados en figuras de atención inmediata, el director de la UNGRD puso el foco donde casi nunca se coloca: ¿Qué pasa después de que el agua baja?. “La preocupación viene de la recuperación”, insistió, dando a entender que, aunque la respuesta inicial está funcionando, El país no está preparado para el costo. real de reconstruir territorios enteros.
Un presupuesto que no resiste la magnitud del desastre
Más de 48.000 hectáreas ya se encuentran bajo el agua, según cálculos de la Unidad de Gestión de Riesgos. Foto:UNGRD
Según cálculos preliminares de la UNGRD48.000 hectáreas ya están bajo el agua, una cifra que, a primera vista, podría parecer manejable. Pero Carrillo fue más allá. Con apoyo de imágenes satelitales y proyecciones técnicas, advirtió que, de continuar las lluvias, el país podría enfrentar entre 250.000 y 300.000 hectáreas afectadas.
Ese escenario, explicó, es financieramente devastador. Recuperar tierras productivas, reconstruir viviendas y restaurar las economías locales cuesta una fortuna. Y ahí aparece el vacío estructural: ni los departamentos ni la Nación tienen hoy recursos suficientes para afrontar una tragedia de esa magnitud sin recurrir a mecanismos extraordinarios.
El director fue enfático en señalar que este problema no surgió con la emergencia actual. Aseguró que por el contrario, es resultado de años de decisiones presupuestarias que relegaron a un segundo plano la gestión de riesgos. “Cada año los municipios y departamentos aprueban presupuestos. ¿Cuánto de ese dinero se destina realmente a la gestión de riesgos? cuestionó, abriendo un debate incómodo pero necesario.
La advertencia fiscal que pocos quieren escuchar
Las comunidades afectadas esperan soluciones mientras el debate se centra en la falta de presupuesto. Foto:Gobernación de Córdoba
Carrillo hizo un llamado explícito a la responsabilidad fiscal, no sólo del Gobierno nacional, sino de alcaldes, gobernadores y asambleas que, indicó, aprueban presupuestos año tras año sin prever escenarios de desastre. La reflexión fue directa: El dinero destinado a la gestión de riesgos en Colombia no es suficiente.
Actualmente, explicó, la UNGRD opera con los recursos correspondientes a la vigencia 2026.. Se trata de abordar la emergencia, pero el margen es estrecho. «Estamos en febrero. Tenemos el dinero para esta vigencia y estamos respondiendo. Si se va a terminar en uno o dos meses, ya veremos», dijo, dejando claro que el reloj financiero ya empezó a correr.
El problema, insistió, no es rescatar familias en medio del agua, tarea que, aunque compleja, tiene protocolos claros, sino restaurar viviendas, tierras y medios de vida.. Esa fase, la menos visible y la más costosa, Es el que hoy no cuenta con el suficiente apoyo presupuestario.
Recuperación: el verdadero cuello de botella
El director de la UNGRD advirtió que reconstruir viviendas y terrenos excede la capacidad financiera. Foto:Gobernación de Córdoba
Cuando el director de la UNGRD afirma que “no hay dinero”, No se refiere a la atención inmediata, sino a la que viene después. Miles de familias lo han perdido todo: casas, cultivos, animales. Reconstruir esto implica inversiones multimillonarias que no estaban contempladas en los presupuestos actuales.
Carrillo fue tajante: Ni el gobierno departamental ni el nacional por sí solos podrían financiar una tragedia de esta magnitud. La frase no sólo muestra un problema coyuntural, sino también una falla estructural del modelo de prevención y respuesta a desastres en Colombia.
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La eventual declaración de emergencia, según el alto funcionario, permitiría agilizar recursos y flexibilizar procedimientos, pero incluso con este decreto el desafío seguirá siendo enorme. El Estado tendrá que decidir qué priorizar, qué reconstruir primero y hasta dónde llega el dinero.
Un país que reacciona, pero no se prepara
La posible declaración de emergencia busca acelerar recursos ante una crisis que sigue creciendo. Foto:Gobernación de Córdoba
El mensaje del director de la UNGRD reveló una realidad incómoda: Colombia reacciona cuando la tragedia ya ocurrió, indicó uno de los dirigentes de la zona costera de Córdoba, y cuestionó: “pero invierte poco en planificación de prevención y recuperación. La emergencia actual no es sólo climática; Es fiscal y estructural”.
Mientras continúan las lluvias y aumenta el número de hectáreas afectadas, el debate ya no es si hay capacidad operativa para afrontar la crisis, sino si hay voluntad política y fuerza financiera para asumir las consecuencias a largo plazo.
En Montería, más que anunciar soluciones, Carrillo puso sobre la mesa una verdad difícil de digerir: El país no tiene forma de pagar la próxima reconstrucción. Y esa advertencia, más que una declaración técnica, es un llamado urgente a repensar cómo Colombia gestiona y financia sus riesgos.
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