Por: Editorial Política EJE 21
Santiago de Chile, 15 de diciembre de 2025. En Chile, el domingo concluyó una de las elecciones más decisivas desde el fin de la dictadura. La cómoda victoria de José Antonio Kast no sólo instaló un nuevo presidente sino que confirmó una profunda reestructuración política y social: el país dio el giro más a la derecha en los últimos 35 años, después de un período regido por gobiernos de centroizquierda y, más recientemente, de izquierda.
Cuando se había contado el 99% de los votos, Kast obtuvo el 58% de los votos contra el 41% de Jeannette Jara, candidata del partido gobernante y ex ministra de Trabajo. La magnitud de la diferencia dejó poco lugar a la incertidumbre y permitió una rápida aceptación del resultado. Jara aceptó horas después la derrota y llamó a proteger la democracia, los derechos humanos y los avances sociales alcanzados, previendo el difícil papel que jugará la oposición en el nuevo ciclo político.
Los resultados electorales revelan algo más que un cambio de poder. Refleja un cambio de humor entre una parte importante de la población de la ciudad, cansada de la inseguridad, la recesión económica y una sensación de malestar que se instaló tras la epidemia social y los fallidos procesos constitucionales. Kast supo leer este clima y construyó una campaña centrada en promesas de empoderamiento, control de la inmigración y ajuste fiscal, un mensaje que resonó en amplios sectores del electorado.
Uno de los factores decisivos fue el derecho al voto. Millones de chilenos, que tradicionalmente se mantenían alejados de las urnas, participaron por primera vez en una marcha masiva. Esta nueva tendencia electoral, de difícil excavación ideológica, se inclinó mayoritariamente hacia la alternativa Kast, que logró más de siete millones de votos y se convirtió en el presidente con más votos de la historia del país.
El actual presidente también logró organizar un campo de derecha. Después de una primera vuelta divisiva, obtuvo el apoyo de candidatos invictos de diferentes sectores conservadores y liberales, además de captar sectores relevantes de votantes antisistema que habían apoyado a Franco Parisi. Por otro lado, la izquierda llegó formalmente unida a la carrera, pero tuvo dificultades para ampliar su base hacia el centro político.
En su primer discurso tras la victoria, Kast habló de un «mandato claro» y preparó el terreno para una temporada complicada. Reconoció el frágil estado de las finanzas del gobierno y advirtió que el país afrontará meses difíciles. Rechazó la idea de soluciones rápidas y prometió un trabajo gradual basado -según sus palabras- en el orden, el carácter y las decisiones fijas. La seguridad pública, la migración y la revitalización económica serán los ejes principales de un plan que califica de «gobierno de emergencia».
Sin embargo, el nuevo escenario no estará exento de limitaciones. Kast asumirá el poder el 11 de marzo de 2026 sin una mayoría absoluta en el parlamento, lo que lo obligará a negociar acuerdos para implementar reformas estructurales. Esta realidad institucional pondrá a prueba su capacidad para pasar de debatir el conflicto en una campaña a construir un consenso mínimo en un país políticamente polarizado.
Para el derrotado partido gobernante, las elecciones dejan una amarga lección. La coalición que llevó a Gabriel Boric al poder no logró conservar la confianza de los ciudadanos que exigían una respuesta más rápida y eficiente a los problemas cotidianos. La derrota de Jara abre un proceso de reflexión para la izquierda y el centroizquierda, que tendrán que redefinir su estrategia, su liderazgo y su relación con los votantes que se han mostrado dispuestos a cambiar de rumbo.
Chile entra así en un nivel sin precedentes. Por primera vez desde el regreso de la democracia, un proyecto de extrema derecha gobernará el país con un fuerte apoyo electoral, pero en un contexto social desafiante y con grandes expectativas. La victoria de Kast marca un antes y un después: no sólo por quién viene a La Moneda, sino por lo que revela sobre un país que, después de años de tensión y frustración, eligió el camino de la ruptura y eligió el orden como respuesta a la incertidumbre.