Te recordamos que esta vez, a diferencia de lo ocurrido en 2024 congreso de la república aprobó el proyecto de ley del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el año 2026, evitando así un decreto que amenace su emisión por parte del Ejecutivo, como ocurrió con el actual PGN. El monto original propuesto por el Ministro de Hacienda, Germán Ávila, era de 556.900 millones de dólares, pero al final el Congreso aprobó 546.900 millones de dólares, luego de que el Ministro Ávila aceptara a regañadientes reducirlo en 10.000 millones de dólares. De este modo, la desfinanciación del presupuesto estimada en 26,3 mil millones de dólares, si bien superó los 40 mil millones de dólares para el Comité Independiente de Normas Fiscales (CIRF), pasó a ser de 16,3 mil millones de dólares.
Según el ministro Ávila, «el 75% de la Cámara y el 65% del Senado aprobaron un presupuesto que llamaba específicamente al Gobierno a presentar esta ley», en referencia al proyecto de ley de financiación, ahora llamado reformas tributarias para hacerlas más digeribles para la opinión pública. Es decir, el ministro supuso que dicho presupuesto fue aprobado por el Congreso, sabiendo que desfinanciaba el orden de 16 dólares. 3 mil millones, se vio obligada a aprobarlo sin reservas. Pero el Congreso republicano ignoró las súplicas del ministro y el proyecto fracasó. Y no precisamente porque sea así, como afirma el ministro Ávila. Esto es una «venganza contra el gobierno» por parte del Congreso, y menos aún que su desaprobación por parte del Congreso «no es un voto contra el gobierno de Peter, es un voto contra la región, es un voto contra las inversiones».
La reacción del ministro Ávila no se hizo esperar, para él «con la fábula de Don Quijote, motivo del malentendido, era prácticamente imposible hacer ver a este pequeño grupo de senadores las complicaciones para el equilibrio fiscal del país por el desconocimiento de esta ley de financiamiento». Sin embargo, a juicio del director de FEDESARROLLO Luis Fernando Mejía, esta acusación del Ministro al Congreso de la República no está justificada, porque para él «es insostenible pretender que la influencia del 3%», que representa lo que representan 16,3 mil millones de dólares con relación al monto total del presupuesto aprobado, «compromete la estabilidad de la ciudadanía».
Lo que corresponde en este caso y lo que el Gobierno no quiere es que, como afirmó Mejía, «esos recursos hay que ajustarlos reduciendo el presupuesto». Expertos y analistas coinciden en que el Gobierno debe apretarse el cinturón, reducir el gasto, que todavía está supersaturado, especialmente el que es absorbido por la exuberante burocracia. A modo de ejemplo, bastaría con poner un torniquete para frenar el gasto paralelo en nómina, que este gobierno dice aborrecer, para ahorrar los 4.870 millones de dólares que 101.120 nuevos contratos de órdenes de servicios temporales (TSA) le costaron a la nación en 2025.
Pero el presidente Gustavo Petro no cede y en este sentido declaró recientemente que «la única reducción posible del gasto es invertir en carreteras 4G» y fue más allá, mostrando su enorme inventiva, al declarar que la negativa del Congreso a aprobar la absurda ley de financiación «colapsa la economía» y que ya había amenazado con que antes, en el curso de una posible no ejecución del consejo ministerial, la deuda desaparecería, «lo cual haré». tratar de evitarlo a toda costa», lo que supone un pésimo mensaje para los deudores, provocando alarma entre los agentes empresariales.
La única manera de equilibrar los ingresos y los gastos es evitar la inflación presupuestaria, ya sea asignando más fondos, lo que fue descartado por la presentación de la ley de financiación, o reduciendo el gasto, lo que el Gobierno descartó. Por lo tanto, se están considerando medidas cuestionables y cuestionables, como el uso de las ganancias del Fondo Nacional de Ahorro, mientras el Ministro de Finanzas afirma que «se ha generado una acumulación de reservas excesivas que permite comenzar a transferir fondos a partir de este año», poniendo en riesgo el dinero de las indemnizaciones de los trabajadores enviados allí.
Trascendió también que el Ministerio de Hacienda pretende tomar el control de unos 5.600 millones de dólares del Fondo Nacional de Desarrollo de Infraestructura (FONDES), que hasta hoy funcionaba como un activo autónomo administrado por el Fondo Nacional de Desarrollo (FDN) según criterios técnicos. Por su parte, la DIAN, que está del dinero como el diablo de las almas, pretende ahorcar a REFICAR con una interpretación atrabiliaria, que le obligaría a pagar 1.300 millones de dólares de IVA por las importaciones de combustibles.
Dependiendo de la respuesta del Gobierno, esto puede afectar a los TÉS con una caída de su precio y un aumento de sus tipos de interés, una ampliación de los diferenciales soberanos y, en última instancia, otra rebaja de la calificación de la deuda y, en el proceso, un aumento del coste de la deuda y del apalancamiento. Para el presidente Petr, según su interpretación, «hay un acontecimiento que sigue si el Congreso rechaza la Ley de Financiación» que justificaría la declaración de emergencia económica.
Muchos expertos y grupos de expertos no están de acuerdo con este concepto, considerándolo un hecho. predeciblementecomo el colapso de la reforma fiscal, no puede considerarse un hecho seguidoté. De esta manera, se podría llegar al punto de considerar declarar el estado de emergencia como un Plan B, como vía alternativa a decretar proyectos de ley de iniciativa ejecutiva que no han sido aprobados por el Congreso. En mi opinión, ¡ésta sería una lectura errónea de la norma constitucional!
Amylcar Acosta