En Bogotá las discusiones no son sobre soluciones, son sobre odio. Y la carrera por la Séptima se convierte en el escenario perfecto donde la ideología triunfa sobre la evidencia. Hoy muchos gritan en contra TransMileniopero pocos responden a la desagradable pregunta: ¿qué alternativa real existe para más de 1.200.000 personas que utilizan ese corredor todos los días?
La historia comienza con un giro. Este proyecto no apareció de la noche a la mañana, Claudia López lo contrató en 2023, literalmente al final de su mandato. Una decisión que sirvió al próximo gobierno. Galán la recibió, la puso en marcha… (porque había tiempo o si no había problemas legales) y prefirió decir poco, literalmente nada, para no perder una imagen favorable. ¿Estás pensando en ser presidente?
Pero fuera de la política hay algo que no se puede ocultar: Seven ya no da.
Cualquiera que viva en Usaquén, especialmente al este o por encima de 170, sabe lo que es perder hasta dos horas al día tratando de llegar al trabajo. No existe una conexión efectiva con la Autopista del Norte. No hay una gran alternativa cerca. Y aunque no te guste, el único sistema que mueve grandes volúmenes de personas en Bogotá hoy es TransMilenio.
Aquí es donde emerge una realidad incómoda: muchos de los más críticos con el sistema no lo utilizan todos los días. No experimentan atascos. No sienten desgaste. No necesitan ocuparse de ello con urgencia.
Entonces, vayamos a las preguntas habituales.
¿Por qué no un metro?
Porque no es tan simple. La línea del metro cuesta más de 20 mil millones de pesos, la mitad de todo el presupuesto anual de Bogotá. Lograr algo como esto requiere decisiones difíciles, dinero y acuerdos políticos que esta ciudad no podría sostener.
¿Y el tranvía? Suena bien, pero no es suficiente.
La Séptima necesita transportar más de 20.000 pasajeros por hora/sentido. El tranvía llega, con optimismo, a 15.000. TransMilenio supera los 35.000, según datos de la alcaldía de Bogotá.
Esa no es una opinión. Son números.
Puede que no te guste el sistema, pero en términos de capacidad sigue siendo el que más gente puede mover. Y en una ciudad desigual, eso prevalece sobre todas las preferencias personales.
También está la cuestión del medio ambiente. Se habla de quitar más de 3.000 árboles y claro que tiene impacto, pero todo el trabajo pasa por una intervención. Lo que apenas se dice es que el proyecto implica la plantación de más de 4.000 árboles, de acuerdo con los términos del contrato.
¿Es perfecto? No.
¿Es esto lo que a muchos les gustaría? Ni lo uno ni lo otro.
Pero eso es lo que se puede hacer hoy.
El problema de Bogotá no es técnico, sino que nos cuesta aceptar la realidad. Necesitamos el transporte público ahora, no dentro de 20 años. Necesitamos soluciones que puedan implementarse, no ideas que suenen bien pero que no se plasman en el papel.
El soporte de TransMilenio en Septima no es cuestión de gustos. Es la aceptación de lo que hay y de lo que se necesita. No es emocionante. No da aplausos.
Pero eso lo soluciona.
Andrés Prieto