El La entrada en vigor de la nueva jornada laboral en Colombia ha comenzado a mostrar efectos diferenciados en los distintos sectores productivos del Atlántico. Así lo advierte Rosmery Quintero, presidenta de la Asociación Colombiana de Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (acopi) en el departamento, quien señala que la medida no impacta de la misma manera a todas las actividades económicas ni en todas las épocas del año.
Según el dirigente sindical, los sectores intensivos en mano de obra, como el comercio, los servicios y algunas actividades industriales, Han tenido que repensar su operativa diaria para cumplir con la reducción horaria sin afectar la continuidad del servicio. Esto ha implicado reorganizar turnos, ajustar horarios y, en muchos casos, contratar más personal para cubrir los mismos días productivos.
Este reordenamiento, explica Quintero, Tiene un impacto directo en la estructura de costes de las empresas, especialmente en las de menor tamaño, que tienen márgenes financieros más estrechos y menor capacidad para absorber aumentos sostenidos en sus gastos operativos.
Más turnos, más ventas… y más costes
Se ha recuperado la zona peatonal en varios sectores del Centro. Foto:Vanexa Romero / EL TIEMPO
Desde la perspectiva de Acopi, La implementación de más turnos también ha tenido un efecto positivo en determinados casos: el incremento de las ventas en algunos segmentos que han logrado ampliar su cobertura horaria. Sin embargo, este crecimiento no siempre se traduce en mayores beneficios netos, debido al peso de los costes laborales adicionales.
«El mayor monto de incremento en ventas se refleja en más turnos, lo que implica mejores ingresos. Hay una ligera compensación», reconoce Quintero. Sin embargo, aclara que este beneficio se neutraliza rápidamente por el aumento de los costes no salariales asociados a cada nuevo trabajador vinculado.
El principal factor de presión, según el dirigente sindical, es el aumento de los recargos y su impacto en las prestaciones sociales, contribuciones y obligaciones parafiscales. “Cuando se lleva ese recargo al 100%, todo el componente del costo no salarial se ve afectado. Esto impacta mucho más fuerte en los costos variables y sumado a los costos fijos genera un impacto importante en la operación”, sostiene.
Comercio, uno de los sectores más expuestos
Los vendedores de alimentos tendrán un mejor espacio para ofrecer sus servicios. Foto:Prensa del alcalde de Barranquilla
Uno de los sectores más sensibles a estos cambios es el comercio, que depende en gran medida de horarios ampliados y atención continua al público. En este segmento, la reducción de jornada obliga a contratar más personal o a redistribuir horas, aumentando el coste por unidad vendida.
Aunque algunos establecimientos han logrado adaptarse eficientemente, Otros enfrentan dificultades para mantener su competitividad, especialmente frente a negocios informales que no asumen las mismas cargas laborales ni tributarias.
En este escenario, Acopi advierte que el equilibrio entre productividad, empleo formal y sostenibilidad empresarial es cada vez más frágil, especialmente para las micro y pequeñas empresas, que representan la mayor parte del tejido productivo del Atlántico.
Salario mínimo, impuestos y el riesgo de más informalidad
Comercio en Barranquilla. Foto:Prensa del alcalde de Barranquilla
A este panorama se suma, según Quintero, la presión adicional generada por aumentos significativos del salario mínimo y de la carga fiscal. La combinación de mayores costos laborales, impuestos y nuevas obligaciones puede terminar fomentando la informalidad, en lugar de fortalecer el empleo formal.
“La informalidad se ve afectada cuando se ejerce demasiada presión sobre el sector empresarial formal. Cada nuevo compromiso laboral reduce la capacidad de generar empleo estable”, advierte el presidente de Acopi en el Atlántico.
Uno de los ejemplos más claros de esta situación ys el cambio en la naturaleza del contrato de aprendizaje, que pasó a ser considerado un contrato de trabajo. Según Quintero, esta modificación redujo a casi la mitad el número de aprendices contratados por las empresas.
El contrato de aprendiz y un círculo vicioso
Comercio del Centro genera empleos en temporada de fin de año. Foto:Archivo EL TIEMPO
“Antes contratábamos muchos más aprendices de los que exigía la ley. Hoy, con esta nueva cifra, las empresas han reducido significativamente estas cuotas«, explica. Para el gremio, esta situación genera un efecto contraproducente: menos oportunidades de formación y empleo formal para los jóvenes, y mayor presión sobre la informalidad.
Quintero describe este fenómeno como un “círculo vicioso”, en el que el aumento de las exigencias a la comunidad empresarial formal termina expulsando a los trabajadores hacia planes informales de subsistencia.
“En la medida en que el sector empresarial formal se ve presionado desde diferentes frentes, Menos personas tienen la oportunidad de vincularse a una estructura formal. Pero como necesitan sobrevivir, crece la informalidad”, enfatiza.
Un llamado a revisar los efectos reales de la reforma
Cámara de Comercio de Barranquilla. Foto:Cámara de Comercio
De Acopi, el llamado no es a desmontar los avances en materia laboral, sino a evaluar con rigor sus efectos reales sobre el empleo, productividad y formalización empresarial, especialmente en regiones como la Atlántica, donde las MIPYMES son el principal motor económico.
La nueva jornada laboral, concluye Quintero, representa un cambio estructural que requiere apoyo, ajustes graduales y políticas complementarias que impidan que el costo del bienestar laboral acabe recayendo, desproporcionadamente, en los propietarios de pequeñas empresas y los trabajadores más vulnerables.
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