

Desde 1990, cuando se firmó el acuerdo de paz que puso fin a la llamada Guerra Verde -un conflicto que dejó más de 5.000 muertos-, la principal zona esmeralda del mundo, en el occidente de Boyacá.no experimentó una alteración del orden público como la que se ha registrado en los últimos meses, hasta el punto de encender las alarmas de multinacionales y autoridades.
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En sectores como Coscuez, en San Pablo de Borbur, y en municipios como Muzo, Quípama y Maripí, ha cobrado fuerza una disputa entre los mineros artesanales y ancestrales -conocidos como guaqueros- y las multinacionales que llegaron hace casi una década para reemplazar a los viejos ‘patrones’.entre ellos Víctor Carranza y familias tradicionales como los Triana, Molina, Rincón, Rojas, Chaparro, Delgadillo y Obando.
La violencia en el occidente de Boyacá revive los años de la Guerra Verde. Foto:Suministrado a EL TIEMPO
La paradoja es evidente: en la región de donde proceden algunas de las esmeraldas más caras del mundo, el hambre y la necesidad persisten. Cientos de personas aseguran haberse cansado de denunciar por los canales institucionales y hoy, cargando sacos al hombro, ingresan a las minas para realizar el llamado aéreo: toneladas de barro y páramos negros que llegan a los ríos con la esperanza de encontrar una pequeña piedra verde para sobrevivir.
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“Las empresas y el gobierno nacional no han querido entender un reclamo justo: que se permita el acceso a los volantes a los guaqueros. Esto está convirtiendo el conflicto en una bomba de tiempo, porque en medio de la protesta legítima se están infiltrando personas con intereses criminales.«, advirtió a EL TIEMPO uno de los alcaldes de la región.
El mandatario se refirió, entre otros hechos, a lo ocurrido el pasado 11 de diciembre en la mina Santa Rosa, en Maripí. Aprovechando el ambiente de tensión, un comando de 37 encapuchados, armados y con explosivos ingresó al centro de operaciones, secuestró a 71 trabajadores e intentó robar un botín millonario en esmeraldas. La acción se vio frustrada por la rápida reacción del Ejército y la Policía, quienes incluso llegaron en helicópteros y capturaron a ocho de los involucrados.
La violencia en el occidente de Boyacá revive los años de la Guerra Verde. Foto:policia nacional
Aunque este ha sido el incidente más grave, Compañías Muzo Colombia advierte que no es un caso aislado. Ejecutivos de la empresa aseguran que se está produciendo un robo a gran escala, con características que no se veían en la región desde hace décadas.
Camilo Acero, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Compañías Muzo, explicó que Desde hace seis meses denuncian ante distintas autoridades la existencia de al menos 240 dolinas ilegales, financiadas por estructuras de gran capacidad económica.donde se extrae el material con explosivos y martillos hidráulicos.
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“Este es un robo en cámara lenta. Hace meses que hay un delito en curso y no pasa nada. Hemos hablado con el Ministerio de Defensa, la Policía, el Ejército, los alcaldes, pero no hay una reacción contundente”, afirmó.
Según Acero, incluso se excavaría un túnel para ingresar ilegalmente a la mina que la empresa explota legalmente, en una dinámica similar a la minería ilegal de oro controlada por grupos armados en otras regiones del país.
La violencia en el occidente de Boyacá revive los años de la Guerra Verde. Foto:Suministrado a EL TIEMPO
“Es muy serio. Paradójicamente, algunos de los mismos mineros ilegales denuncian que están siendo desplazados por estructuras criminales que llegaron a la zona, pero la respuesta institucional ha sido débil.”, añadió.
Las tensiones también han provocado daños a la propiedad privada. En la mina La Paz, ubicada en Coscuez, se registró la rotura de cercos y el robo de algunos elementos, lo que llevó al alcalde de San Pablo de Borbur a decretar toque de queda en un radio de dos kilómetros alrededor de la explotación. En esa mina, la empresa Fura Gems suspendió operaciones desde septiembre pasado mientras reorganiza su estructura y busca un socio inversor.
Tercera subasta de Esmeraldas colombianas traídas de la mina Coscuez, en Boyacá. Foto:Fura Gems Coscuez
Una semana antes, unos 200 guaqueros ingresaron por la fuerza a la mina Pablo Sánchez, en el límite entre Quípama y Muzo, para retirar desechos. Vídeos difundidos en las redes sociales muestran a decenas de personas huyendo con bolsas de tierra mientras la Policía dispersaba la protesta con gases lacrimógenos.
“¿Por qué no dan esos productos de desecho a la comunidad? Esa tierra no sirve para las empresas y es alimento para la gente.«, gritó uno de los manifestantes a uniformados y trabajadores, al otro lado de una valla metálica.
La violencia en el occidente de Boyacá revive los años de la Guerra Verde. Foto:policia nacional
La Defensoría del Pueblo recordó que el conflicto no es nuevo. “El año pasado ingresaron alrededor de 700 guaqueros. Hemos acompañado este proceso y de ahí surgió una mesa de gobernanza local con compromisos para evitar que estas situaciones se repitan.«, señalaron.
La demanda crece
Los guaqueros exigen el cumplimiento del acuerdo de paz de 1990, que les garantizaba la posibilidad de realizar su trabajo ancestral. Con la llegada de las multinacionales, dicen, esa opción se redujo casi por completo.
Las empresas, por su parte, argumentan restricciones medioambientales, especialmente por la contaminación de los ríos con residuos estériles, lo que ha limitado la entrega de folletos. Para los alcaldes, ese es el punto crítico del conflicto.
La violencia en el occidente de Boyacá revive los años de la Guerra Verde. Foto:policia nacional
“Al intentar poner fin a una tarea ancestral, se abre la puerta a actores criminales. El gobierno nacional nos deja solos con este problema«, dijo otro alcalde del occidente de Boyacá, quien solicitó reservar su nombre.
El mandatario aseguró que, aunque se envió un escuadrón especializado de la Policía (Unimil), los acuerdos interinstitucionales no se han cumplido y los intendentes quedan en medio de una creciente tensión social.
“Las multinacionales se llevan las esmeraldas, nos exigen que hagamos cumplir la ley y enfrentemos a nuestro propio pueblo, pero el aporte real a la región es mínimo”, concluyó.
Yecid Medina
Tunja, Boyacá
Especial para EL TIEMPO