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De Miranda se corona bajo la lluvia torrencial y Manizales vive una tarde de gloria y dramatismo – En un click

De Miranda se corona bajo la lluvia torrencial y Manizales vive una tarde de gloria y dramatismo

 – En un click
Crédito: Plaza de Toros de Manizales – David de Miranda

Por: María del Capote

Manizales, 7 de enero de 2025. La Monumental de Manizales no fue ayer sólo una plaza: fue un latido. Desde las filas, con el poncho tirado y el olor a albero mojado subiendo como incienso, se intuía que la segunda temporada de abono no sería una tarde cualquiera. Y no fue así. Hubo corridas de toros caras, hubo gran gloria y hubo sangre. De esas que dejan la plaza en silencio y el recuerdo en tensión.

Los toros de Santa Bárbara saltaron al ruedo, serios, bien formados, con esa mirada que obliga a ajustarse el bolso y rezar brevemente. Una contención de conducta desigual, pero de presencia impecable, que ponía a todos en su lugar.

Román abrió la tarde, envuelto en lo más puro y radiante. El primero, sin carrera sostenida, amenazó más de lo que dio. Román, firme y con pulso, logró armar algunos rounds hábiles y con buenas líneas, pero el toro pronto se apagó y la espada, insidiosa, acabó por enfriar cualquier opción. Palmas educadas y el reloj seguía corriendo.

Y luego salió el segundo. Serrano, el número 111, un toro con clase y recorrido, de esos que cuando embisten lo hacen con música. Ante él se presentó David de Miranda, vestido de Corinto y oro, desconocido para muchos, pero un auténtico torero. Desde el primer golpe de muleta quedó claro que iba en serio. Pies atrapados en la arena, cintura rota, muleta bajada y el tiempo detenido. Bramó lentamente, tan lentamente que parecía que el toro lo estaba esperando. Esto no era un espectáculo, era un toreo profundo, de profundidad antigua, de esos que penetran sin hacer ruido. Las víctimas se levantaron una a una. El toro, valiente y noble, fue recompensado con el regreso al ruedo. El golpe cayó como un rayo. Dos orejas y Manizales se rindió ante un torero que ya no era un desconocido.

La tarde se dividió en dos con el tercero. Juan de Castilla, valiente hasta el extremo, quiso salvar tras unos banderines. El toro lo atrapó sin piedad. Desde el tendido, se escuchó el golpe fuerte, el grito ahogado, el silencio espeso. El torero de Medellín quedó destrozado en el ruedo, mientras la cuadrilla corría y la plaza contenía el aliento. Después, el parte médico hablaría de una fractura abierta de tibia y peroné y una contusión en el muslo, pero en ese momento lo único que se sintió fue la crudeza del toreo, esa verdad que no admite adornos. Castilla salió hacia la enfermería en medio de una ovación que fue como una oración.

Román envió ese toro sin historia, una tarea de entrega ante un animal sin alma ni compromiso.

De Miranda volvió a la habitación, y con él volvió la lluvia. Un fuerte aguacero convirtió el coso en un lodazal, pero el onubense no se inmutó. De lo contrario. Con coraje y mando supo doblegar a un buen toro de Santa Bárbara, llevando el ataque cosido a la muleta, sin importarle el terreno traicionero. Era una faena de fuerza tranquila, propia de un torero. Otro oído y el grito atronador que sale de las líneas: «¡Torero! ¡Torero!».

El sexto fue el garbanzo negro: áspero, sin entrega, imposible. Miranda puso voluntad y esfuerzo, pero no había material. Aún así, la ovación fue el reconocimiento a toda la tarde que ya era suya.

Así transcurrió la segunda temporada: con un torero saliendo bajo la lluvia a hombros, con otro toreando en camilla, y con Manizales recordándonos que el toreo es arte, es valor y es verdad. Yo estaba allí. Y el eco de las buenas corridas todavía resuena sobre el albero mojado.

Archivo de celebración

Plaza Manizales. Segunda suscripción.
toros de Santa BárbaraJugabilidad bien presentada y desigual. El segundo, premiado con la vuelta al ruedo.

  • romanode lo más puro y radiante: palmas, palmas y silencio.

  • david de mirandade Corinto y el oro: dos oídos, oído para la advertencia y la ovación.

  • Juan de Castillade sangre de toro y oro: gravemente herido, acudió a la enfermería tras ser atrapado por su primer toro.

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