Economía

Crisis de seguridad y residuos: algo no funciona en Bogotá – En un click

Crisis de seguridad y residuos: algo no funciona en Bogotá

 – En un click

Las cosas no funcionan en Bogotá. Y no es una frase de la situación: es una realidad que se respira en la calle, que se evita en los andenes y que se soporta en el barrio. crisis de basura Deja de ser un problema operativo y se convierte en un factor directo del deterioro y la inseguridad de la ciudad. Una ciudad pierde el control sobre su espacio público, y cuando eso sucede, pierde mucho más que estética: pierde calidad de vida, respeto y autoridad.

Una mala gestión de los residuos no sólo genera malos olores y malestar. Esto genera conflictos entre vecinos, comerciantes, recicladores y habitantes de la calle. Crea puntos de acumulación donde se bloquea el paso, donde la convivencia se deteriora y donde las dinámicas ilegales comienzan a consolidarse. La propia Administración reconoce que la eliminación intempestiva y las entregas secretas facilitan la congestión, promueven el microcomercio y convierten estos lugares en escondites de sustancias psicoactivas ilícitas. Es decir, el desorden abre la puerta al crimen.

No hay ningún misterio ahí. La teoría de las ventanas rotas, propuesta por Kelling y Wilson (1982), lo explica claramente: cuando el entorno muestra signos de abandono, cuando lo público parece no importarle a nadie, el crimen encuentra un terreno fértil. No se trata de una causalidad singular o directa, sino de una correlación evidente en nuestra percepción del espacio y su disfrute colectivo: el deterioro visible erosiona la confianza y normaliza el desorden, la suciedad y el crimen.

Bogotá hoy encarna esa lógica. Barrios como Bochica Sur viven esto todos los días: andenes convertidos en vertederos, ciudadanos obligados a abandonar las carreteras ante el riesgo de sufrir accidentes, cría de roedores, enfermedades y un entorno aterrador. Niños que caminan al colegio entre basura, comerciantes afectados, vecinos que terminan pagando por soluciones informales. Y en medio de todo, un foco creciente de inseguridad.

El trabajo de movilidad en la ciudad también refleja este problema. Con solo caminar por Caracas o la Avenida 68 se pueden ver zonas devastadas, calles solitarias, basura esparcida, olores desagradables, gente en la calle en condiciones inhumanas y residentes y comerciantes tratando de sobrevivir a esta crítica situación.

La administración cree que no hay evidencia estadística que demuestre un vínculo causal directo entre la basura y el crimen. Es cierto. Pero también reconoce que la inseguridad es multifacética y que el entorno urbano afecta la convivencia. Y ese es el punto: no se necesita una ecuación perfecta para actuar cuando la evidencia empírica es abrumadora y mundana.

Insisto en algo que no podemos seguir subestimando: la seguridad requiere una visión integral. Ignorar variables como la gestión de residuos es en la práctica renunciar a una política pública eficaz. No se trata de elegir entre más policía o más limpieza. Se trata de comprender que ambas dimensiones operan en el mismo territorio y se influyen mutuamente.

Bogotá necesita decisiones estructurales y articuladas. Necesita una presencia institucional en la calle, controles y sanciones eficaces, una cultura ciudadana sostenible, condiciones dignas para los recicladores y los habitantes de la calle, y un sistema de saneamiento que funcione. Pero también se necesita algo más básico: el reconocimiento de que existe una crisis de seguridad y de basura.

Porque si bien la ciudad vive de basura, también vive con el mensaje de que a nadie le importa y que no hay gobierno. Y ese mensaje, en términos de convivencia y seguridad, es demoledor.

La pregunta inevitable es ¿dónde está la Administración? Bogotá no necesita diagnósticos para archivar; Se requieren acciones visibles. Desde el Ayuntamiento estoy trabajando en la recuperación de esta ciudad. Pero es importante que las cosas, de una vez por todas, empiecen a funcionar.

Ñapa: Respecto al inicio de las obras del corredor Carrera Séptima TransMileni, es importante que la Alcaldía de Bogotá trabaje articuladamente con contratistas y ciudadanía, porque el éxito de este proyecto depende no solo del IDU sino también de otras entidades distritales y nacionales. La ciudad de Usaquén debe funcionar. No podemos permitir que el entorno de las obras se deteriore, lo que afecta la calidad de vida y el disfrute del espacio público.

Juan David Quintero

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