A finales de la década de 1970, tuvo lugar una operación encubierta del FBI.Abscam– en EE.UU. (contracción de una estafa árabe), que consistió en ofrecer un soborno para favorecer a un presunto empresario árabe, en el que cayeron, entre otros, siete congresistas (más de 30 políticos en total). El senador fue recordado por ese incidente Prensador Inmediatamente se negó, determinó que era ilegal y denunció el intento de soborno al FBI, por lo que la noticia lo presentó como un héroe, a lo que pronunció la memorable frase clave: “¿A qué hemos llegado si rechazar un soborno es «heroico»?«.
Investigué esto debido a uno de los comentarios que recibí en mi artículo anterior «No es un escándalo más: es un sistema corrupto«, se mencionó una anécdota muy citada de la ética pública y empresarial: «Cuando el dinero que me ofrecen para hacer algo malo es tan alto que sé que puedo ceder, es hora de marcharme».. No he podido encontrar su autoría, pero se utiliza como enseñanza en escuelas de negocios, ética profesional y relatos orales, sin una historia concreta detrás.
Ambas citas plantean puntos interesantes: recuerde que la corrupción es otro componente de la vida normal, no la excepción (algo que es bien conocido, pero no todo el mundo lo cree así); que hay un sistema que tienta permanentemente a los actores, pero que no todos los actores del sistema caen en la corrupción (es un subsistema corrupto, eso hay que aclararlo).
El sistema se formó hace mucho tiempo (siglos, desde la colonia) por las primeras acciones corruptas de algunos de sus actores, y se consolidó como un éxito relativo que lograron. A lo largo de la historia del país, en marcos morales en permanente transición, se podría pensar que lo que tenemos hoy, la corrupción generalizada, es resultado de que la velocidad de las necesarias transiciones del marco moral es menor que la velocidad de propagación de la corrupción.
No es posible ignorar el sistema. Pero es posible argumentar que si un actor tiene un fuerte sentido moral, no hay figura ofrecida por el sistema que le haga rechazar sus convicciones, como en el caso del senador. Prensadorque muy seguramente, en gran parte, provienen de su hogar y de la educación adquirida. Esto es lo que decía uno de los comentarios. Si bien es una conclusión rápida que si todos los actores compartieran esta poderosa moral la corrupción desaparecería, esta conclusión difícilmente sería práctica porque el sistema existe, está muy consolidado e incluso, vale señalar, incluye la cultura (del Estado) imperante que precisamente lo favorece por la tendencia generalizada de que lo inteligente es la corrupción y el fraude.
En los casos mencionados en el artículo, en pleno debate político actual (el Ministro Bonilla y el Presidente Petro, que en estos tiempos electorales, por razones obvias, son reacciones partidistas y apoyan preferencias), el sistema, incluidos los congresistas involucrados, acordaron apoyar iniciativas gubernamentales con el Gobierno -a través del Ministro-, según las investigaciones allí abiertas, que lanzaron toda la cadena de corrupción en Internet que pasó por algunos funcionarios de la UNGRD y el INVÍAS (Infobae2026).
El hecho de que el sistema funcionara no significa que los actores, especialmente los más destacados, estén exentos de responsabilidad; No tendría sentido elegir entre una u otra responsabilidad, menos aún si una de ellas es abstracta, como lo sería la responsabilidad del sistema. En sistemas complejos como éste, las conclusiones simples y las dualizaciones son inapropiadas porque dejan fuera del análisis la mayoría de las posibles causas múltiples. Es decir, el ministro ya está en prisión (Tiempo2025) y congresistas bajo investigación.
Castigar a los responsables del caso no arregla un sistema tan avanzado en corrupción, pero es vital que no haya impunidad, lo que desincentivará el mismo mecanismo en el futuro. Sin embargo, dado que se ha repetido tantas veces, gobierno tras gobierno, también es fundamental actuar sobre el sistema para corregirlo en consecuencia; El problema más difícil de superar, como sabemos, es que el propio Congreso tendrá que aprobar las autorreformas necesarias, y a la mayoría de los congresistas les resulta difícil ser coherentes con sus discursos anticorrupción y sus promesas al país.
Lo correcto es considerar que tanto los actores corruptos como un sistema corrupto comunican, reproducen y perpetúan la corrupción, con una dinámica de evolución aún más preocupante. Hace apenas cuatro décadas, los asuntos que se conocían implicaban sumas que, ajustadas a la inflación, eran varias veces menores que las actuales. El sistema creció, se desarrolló. Un factor que ciertamente ayuda a explicar esta proliferación es la impunidad. El sistema se ha ampliado para incluir a las entidades de control y al sistema judicial, como se observa en muchos casos notorios que han salido a la luz pública.
Al final, lo realmente interesante es centrarse en cómo avanzar contra los tentáculos y métodos de la corrupción, que nos afecta gravemente a todos. ¿Cómo lograremos que todos los actores en la gobernanza del país sean como un senador? Prensador ¿A quién no podría fijarle el precio el sistema? ¿O cómo nos aseguramos de que el sistema no pueda poner precio a ningún actor? La solución de problemas complejos dentro de sistemas complejos no indica soluciones simples, y probablemente ni siquiera soluciones únicas. Debemos seguir trabajando en estas respuestas.
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Rafael Fonseca Zárate