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Córdoba - En un click - Noticias en un Click
Política

Córdoba – – En un click

Lo que ocurre hoy en Córdoba debe leerse como un hecho de interés nacional, no como un desastre regional más. Ciento cuarenta mil personas afectadas, el 80% del departamento afectado y la paralizada economía local describen una crisis que va más allá de la lluvia y expone, una vez más, la debilidad estructural del Estado colombiano para anticipar, prevenir y responder a los efectos del cambio climático.

En febrero, un mes tradicionalmente seco en el Caribe, en un solo día llovió la cantidad de un mes. Esta información no surgió después de la tragedia: fue advertida por instituciones técnicas. Sin embargo, el gobierno nacional reaccionó lenta y equívocamente. El Consejo de Ministros, los anuncios condicionados y una emergencia económica irrelevante reflejan un problema más profundo: las dificultades de la Comisión para tomar decisiones oportunas cuando la crisis no permite retrasos.

El presidente Gustavo Petro ha optado por explicar la emergencia en base a factores históricos, la presa Urrá, cambios en el caudal natural del agua, errores del pasado. El análisis es relevante pero incompleto. La dirección exige actuar ahora. Las comunidades afectadas no necesitan una interpretación retrospectiva, sino una respuesta inmediata, coordinación y un plan claro para la recuperación socioeconómica de la región.

La Dirección Nacional de Riesgo de Desastres vuelve a estar en entredicho. Su papel preventivo ha sido extremadamente débil y su capacidad de anticipación limitada. El debate sobre si la lluvia era predecible o no es secundario frente a la evidente realidad: Córdoba es una zona históricamente propensa a inundaciones, y sin embargo continúa sin construcciones adecuadas, sin sistemas sólidos de alerta y sin una estrategia sostenida de gestión de riesgos.

Los repetidos rumores de una posible emergencia económica tampoco ofrecen garantías. La gestión por excepción no corrige las fallas del sistema y, por el contrario, puede profundizar la improvisación y debilitar el control sobre el uso de los recursos públicos. Colombia no requiere más decretos extraordinarios, sino instituciones que funcionen con normalidad, planificación de largo plazo e inversión sostenida en prevención, no solo en respuesta a desastres.

Córdoba muestra un patrón que se repite en varias regiones del país: integridad territorial, ocupación de zonas inundables, infraestructura mal planificada y un estado que llega cuando el daño ya está hecho. El cambio climático ya no es una advertencia futura; Es la situación actual la que requiere una respuesta diferente, técnica y continua, no reactiva ni política.

La magnitud de lo ocurrido exige una seria consideración. No basta con hacer frente a las emergencias ni repartir responsabilidades. El país debe preguntarse por qué los desastres año tras año encuentran al aparato estatal en el mismo punto vulnerable. Córdoba no es una excepción: es una señal de alerta. Ignorarla sería repetir, a sabiendas, una tragedia que ha dejado de evitarse y se ha convertido en rutinaria.

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Palabras finales: Petro vuelve a culpar a otros mientras la tierra se inunda. Señala a administradores y alcaldes, pero no acepta responsabilidad por el gobierno que no impidió ni respondió. La UNGRD, sumida en la corrupción y la ineficiencia, completa el cuadro de un Estado que siempre reacciona ante la tragedia.

XG

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