Economía

Chile castiga a las mujeres que aspiran a gobernar – En un click

Chile castiga a las mujeres que aspiran a gobernar

 – En un click

elecciones recientes en Chile No eran simplemente proyectos políticos en competencia. Fueron, sobre todo, un ejercicio de disciplina democrática: una puesta en escena en la que el electorado –ampliado artificialmente mediante el voto obligatorio– sancionaba duramente a quienes encarnaban una doble transgresión del orden establecido. Jeanette Jara no sólo perdió por su programa; perdió por ser mujer y por ser de izquierda en un país que aún no tolera la convergencia de ambas condiciones en el ejercicio del poder.

El voto obligatorio involucró a más de cinco millones de personas históricamente abstinentes. Lejos de difundir la deliberación democrática, esta incorporación forzada activó la política del miedo: los votantes mal informados, abrumados por la fatiga social y la frustración por el ciclo de reformas inacabado del gobierno de Gabrijelo Borić, acudieron a las urnas no para votar, sino para castigar. El resultado fue la consolidación de un liderazgo masculino, autoritario y conservador que ofreció orden frente al caos: más de siete millones de votos para José Antonio Casta, el presidente más sufragado en la historia de Chile.

Pero el tamaño de la victoria (60% a 40%) no se puede explicar sin mencionar la violencia política de género que impregnó toda la campaña. No se hablaba igual de Jara: se le caricaturizaba, se le sobrevaloraba ideológicamente y se le consideraba responsable de antemano de escenarios de colapso económico y social. El anticomunismo actuó como una coartada respetable para canalizar un rechazo más profundo: el rechazo de una mujer que no encajaba en el molde de lo que era «aceptable».

Desde el feminismo crítico, es evidente que la democracia chilena opera bajo una lógica patriarcal que tolera la participación de las mujeres siempre y cuando no amenacen la arquitectura del poder. Las mujeres pueden ser técnicas, ministras, gestoras de conflictos; Pero cuando desafían el control, cuando encarnan proyectos de transformación, el sistema responde con sanciones. La derrota electoral se convierte así en una pedagogía del castigo: una advertencia dirigida a todos los demás.

Conviene disipar la ficción que legitimaba este castigo. La propuesta de Jeanette Jara no fue una doctrina comunista cerrada ni un salto al vacío. Fue una plataforma construida a partir de una coalición plural, con elementos de socialdemocracia, sindicalismo y progresismo, con el objetivo de fortalecer los derechos sociales en un país profundamente desigual. Pero en una democracia patriarcal, las mujeres de izquierda no tienen derecho a la complejidad: se las reduce a caricaturas ideológicas para facilitar su expulsión del poder.

El contexto tampoco fue neutral. Jara heredó un gobierno desgastado que no logró materializar sus promesas transformadoras, en un escenario de expectativas frustradas y retroceso político. Sin embargo, lo que a los hombres se les permite como fracaso colectivo, a las mujeres se les atribuye como incompetencia personal. La derrota de Jara no fue leída como un momento en el ciclo político, sino como una «prueba» de que una mujer y una mujer comunistas ya no pueden -ni deben- gobernar Chile.

Por tanto, estas elecciones suponen un profundo retroceso simbólico para la representación política de las mujeres. No sólo se perdió la candidatura; El mensaje estructural se refuerza: la democracia chilena sigue siendo un espacio hostil para los cuerpos, las voces y los proyectos políticos de las mujeres que desafían el status quo. El poder sigue siendo masculino y, cuando no lo es, se vuelve insoportable, violentamente patriarcal.

Chile votó. Pero también disciplinó. Y mientras la democracia siga castigando a las mujeres que se atrevan a desafiar el poder real, la promesa de igualdad seguirá siendo una ficción electoral. La pregunta ya no es si las mujeres están listas para gobernar, sino si la democracia chilena está dispuesta a dejar de ser patriarcal. ¿Por qué crees que las mujeres perdimos? ¿Crees que las feministas hemos perdido? Aunque algo bueno se hizo porque el comunismo unía al 40% y este lo lideraba una mujer.

En Colombia las mujeres no se ven avanzando en las elecciones presidenciales, ni las propuestas de la oposición avanzan, pero la democracia en Colombia reconoce el cambio y la necesidad de avanzar en la seguridad alimentaria como la sostenibilidad de la reforma agraria y por ende la justificación de la restitución de tierras, y a eso se le llama equidad. Sigamos fomentando la participación, sigamos madurando la idea de que el pueblo manda.

Y gracias Janeth, estoy orgullosa de su campaña, de su sencillez, de su nobleza, de su empatía con el pueblo chileno, y solo quiero decirle que aunque ella no ganó, ella nos inspira cuando uno avanza, avanzamos todos.

Marcela Clavijo

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