Por: María del Capote
Manizales, 8 de enero de 2026. Este miércoles, en la tercera corrida de abonos de la feria de Manizales, la plaza amaneció asediada por la lluvia y por ese ambiente denso que augura tardes difíciles. El coso, pesado y reluciente de agua, fue escenario de una corrida de toros que se fue cuesta arriba desde el Paseíllo, con un encierro serio por Las Ventas del Espíritu Santo, pero carente de potencia y casta en su conjunto. Durante buena parte de la celebración, el desaliento se apoderó de las gradas, hasta que en el último toro de la tarde, Borja Jiménez se echó la feria a la espalda y con valentía, cabeza y verdad cambió el signo de la historia para salir victorioso por la puerta grande y cortar dos pesadas orejas.
Los toros de Las Ventas del Espíritu Santo, hierro del maestro César Rincón, se muestran combativos, bien armados, serios delante, pero faltos de fuerza y de ese fondo de bravura que sustenta las faenas. Un encierro tosco y tenue, con la bendita excepción del sexto, aquel toro que llegó por la tarde para salvar el naufragio.
Antonio Ferrera abrió la plaza, de escarlata y oro, con un toro noble pero mesurado, de esos que salen cuando más les exigen. Ferrera lo entendió desde el primer golpe de la muleta: mano firme, muleta baja, precisión quirúrgica. Lo manejó con mimo, robándose los pases uno a uno, construyendo una tarea de arte y sabiduría, que fue creciendo sin estridencias, pero con verdad. El acero cayó en su lugar y la plaza pidió y recibió agradecida la primera oreja de la tarde. En su segundo, un hombre amable, sin compromiso ni lucha, el extremeño poco pudo hacer más que dejar constancia de su profesionalidad.
El colombiano José Arcila, vestido de fucsia y azabache, vivió una de esas tardes que forjan los toreros. En el primero, la tragedia lo golpeó cuando el toro lo agarró violentamente. Herido, acudió a la enfermería, pero volvió al rostro del animal para obedecer, demostrando que la vergüenza del torero no entiende de dolor. Ese toro no tenía opciones. Tampoco el segundo de su tanda, hasta que salió el quinto. Un toro defensivo y reservado que parecía más de lo que cargaba. Arcila lo pasó muy cerca, cruzó la línea, se paró donde ardían los zapatos y ganó a puro coraje. La escuadra, rendido, lo empujó hacia adelante y el esfuerzo se tradujo en una oreja regia.
Hasta entonces la tarde transcurrió con el ritmo cansado de la desilusión. Borja Jiménez, de champán y oro, tuvo que tragar saliva con un tercero incómodo, que atacó de mala gana, sin entrega ni recorrido. El sevillano dejó detalles de buen gusto, pero el toro no dio mucho más. Palmas y espera.
Y luego salió el sexto. Y con ello la emoción. Desde el saludo del capotero se sintió que algo más caminaba sobre la arena mojada. El toro cargó con ritmo, con alegría, con la cara apretada y humillante. Jiménez lo sacudió con la capa, templado y ordenado, y despertó a algunas personas que ya habían sufrido bastante.
Con la muleta llegó la gran verdad. Borja lo llamó de lejos, se portó cosido a la franela roja, pegó muletazo tras muletazo, sin empate, sin ventajas, mandando con la cintura y controlando el ataque. La faena tenía pulso, cabeza y alma: exigía al toro, pero sabía medirlo para no quebrarlo. Hubo secuencias de pitones largos y profundos, remates de corrida y una plaza que, empapada y todo, rugía de emoción. Manizales estaba dentro del ring.
La estocada cayó recta y debilitada. El toro dobló sin propina. La caja no dudó. Dos orejas que abrieron de par en par la puerta grande, por la que salió a hombros Borja Jiménez, mientras la lluvia ya no molestaba, y pasó a formar parte del triunfo.
Así acabó una tarde que parecía perdida y acabó celebrándose. Porque el toreo, como la vida, siempre tiene un último suspiro para quien sabe esperar… y para quien sabe torear.
Archivo de celebración
plaza de toros de manizales
Tercera aplicación de fertilizante. Tarde lluviosa.
corridas de toros: Las Ventas del Espíritu Santo, bien presentadas, carentes de fuerza y valor en su conjunto, salvo la excelente sexta.
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Antonio Ferrera (escarlata y oro): Oído y silencio.
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Jose Arcila (fucsia y azabache): Ovación y oreja.
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Borja Jiménez (champán y oro): Palmas y dos orejas.