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Bajo la lluvia, Manizales concluyó su última corrida de la temporada – En un click

Bajo la lluvia, Manizales concluyó su última corrida de la temporada

 – En un click
Crédito: Plaza de Toros de Manizales – David de Miranda

Por: María del Capote

Manizales, 12 de enero de 2026. La tarde se desmoronó en agua, pero no en emoción. Manizales, fiel al último paso, resistió la lluvia como la resiste un buen aficionado: empapado y atento. Así cerró la 71 feria, con el coso convertido en espejo, el pesado albero y los toros de Ernesto Gutiérrez Arango que pusieron seriedad al final de un ciclo que llamó a la dedicación hasta el último suspiro. No fue una tarde cómoda; Fue una tarde de pulso, de certezas, de toreros que se quedaron cuando el tiempo invitaba a marcharse.

Se abrió la plaza Sebastián Castella y desde el primer golpe de muleta quedó claro que el francés venía a gobernar. El toro, bien hecho y con el culo escondido, tardó en romperse, pero Castella se situó en el sitio exacto, ni más ni menos. Lo soportó con moderación, con firmeza de acero, y le lanzó un ataque cada vez más franco. La tarea fue creciendo en intensidad y profundidad hasta formar un conjunto completo, que concluyó con una estocada efectiva. Merecidos oídos y palmas para un toro que finalmente se rindió.

El segundo fue el área de Juan Ortega, quien una vez más demostró que el arte no entiende de cantidad, sino de verdad. Al toro le faltaba gasolina y pronto se apagó, pero el Trianero puso música en el silencio. Cada muletazo era un suspiro, cada disparo una caricia. Hubo corridas caras, sabor antiguo y una faena que creció más en emoción que en números. La plaza, calada hasta los huesos, respondió con el corazón: al torero del compañero.

El tercero era un muro. David de Miranda se topó con un toro que le dijo que no desde el principio, buscó refugio y evitó la lidia. El onubense no se desplomó, insistió con dignidad, pero el animal no dio tregua. Fue una batalla que estaba perdida de antemano.

Con el cuarto, Castella jugó la tarde. El toro parecía ausente, distraído, y la lluvia complicó aún más el escenario. Pero el francés no se rindió. A base de insistencia, técnica y fe inquebrantable, logró meterlo en la muleta y firmar una tarea larga, de compromiso absoluto, que entró en terreno peligroso. La espada le negó el trofeo, pero la escuadra supo reconocer el intento con una vuelta al ring de peso.

El quinto no permitió a Ortega reavivar la llama. Sin opciones, el hombre abandonó Triana con la frustración del artista que no tenía el lienzo para pintar su obra.

David de Miranda cerró la feria con el sexto, un toro exigente en la salida y de calidad razonable después. El torero lo entendió, se hizo valer y no dio un paso atrás. Era una tarea de voluntad, de quedarse y aguantar, coronada por una estocada eficaz. La plaza premió el esfuerzo con una oreja que puso fin a la feria.

Manizales bajó el telón mojada, pero con el alma en alto. Bajo la lluvia, la corrida de toros volvió a decir su verdad.

Archivo de celebración

Plaza Manizales. carrera de cierre 71 Feria de Manizales.
toros de Ernesto Gutiérrez ArangoJugabilidad bien presentada y desigual.

Sebastián Castella (rosa y dorado): vuelta y regreso al ring.
juan ortega (canela y oro): oreja y palmas.
david de miranda (burdeos y azabache): palmas y oreja.

Nota: Con esta crónica se baja el telón de la temporada. Manizales queda atrás, pero no se va: permanece en la memoria, en su feria, en su plaza y sobre todo en su gente. Fue un privilegio estar en la 71 Feria, recorrer sus filas, sentir su respeto, su pasión y esa calidez que hace única a esta ciudad taurina. Gracias por abrirnos la puerta y por mantener una de las temporadas más atractivas del calendario año tras año. Hasta que nos volvamos a encontrar, Manizales. El partido sigue vivo. MDLC

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