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Aterciopelados, rebeldes que no niegan la edad sino que cantan sobre ella – En un click

Aterciopelados, rebeldes que no niegan la edad sino que cantan sobre ella

 – En un click
Alicia Civita

Miami (EE.UU.), 20 dic (EFE).- A más de tres décadas de su irrupción en el rock latino, el dúo colombiano Aterciopelados no niega su edad, sino que se burla de ella y la canta, una exploración que caracteriza ‘Genes rebeldes’, el álbum que les valió una nominación al Grammy y los llevó de gira por Estados Unidos.

«La rebelión está cambiando. Uno defiende ese lugar, porque esta sociedad no quiere viejos y menos viejas», dice Andrea Echeverri en una entrevista con Efe.

Para Echeverri y Héctor Buitrago, de 60 y 62 años respectivamente, la rebelión no es patrimonio exclusivo de la juventud, sino una forma de resistencia que se transforma con el tiempo.

«Entonces tengo canciones sobre envejecer, sobre ser floja y sobre no ir al gimnasio, sobre no hacer dieta. También es como defender el sustento, ¿sabes? Porque nos están vendiendo a esta mujer joven y sexy. ¿Y los que nos enfermamos y los demás? Bueno, aquí estamos», añadió el cantante.

Buitrago canta sobre la andropausia y ellos se ríen cuando notan la diferencia en sus planteamientos: Ella desde la lucha, él desde el juego, pero sin negar el paso de los años ni intentar ocultarlo, y lo convierten en materia prima creativa. Según sus palabras, el rock deja de ser sólo un gesto de confrontación y se convierte en un acto de defensa personal y colectiva.

“Bueno, te pones a trabajar para crear un personaje y luego eres anti-diva”, confiesa Echeverri. Para ambos, “el sentido del humor también nos salva y este disco tiene bastante de eso”.

Seguir hoy siendo Aterciopelados es una declaración de principios: «Significa seguir llevando la bandera de la alternativa. Seguir teniendo una visión crítica de lo que está pasando, hacer las cosas a nuestra manera, con nuestras fusiones y mezclas», explica Buitrago.

La actual gira actúa como termómetro del vínculo intergeneracional que han creado a lo largo de 35 años y que han nutrido en 2025 con su mezcla de rock, blues, electrónica, percusión latina e incluso lo que han definido como «boleros cósmicos».

A los conciertos acuden niños, jóvenes y adultos que cantan canciones de distintas etapas del grupo. Para Echeverri, esa mezcla es tan conmovedora como inquietante.

«Me pone nerviosa ver niños porque digo groserías», confiesa entre risas. Pero también le emociona ver que en una era de consumo musical individualizado, todavía hay familias que comparten referencias culturales.

Envejecer en el rock también supone un esfuerzo físico. Echeverri y Buitrago comparan el turismo con el deporte de alto rendimiento.

El desfase horario de los vuelos, los cambios de clima, los aeropuertos, las pruebas de sonido y las noches cortas son parte de una rutina que requiere hoy más preparación que en los años 90. «Ya no hacemos esos recorridos en autobús durmiendo mientras el vehículo avanza», admiten, aunque sigue siendo un requisito importante.

Echeverri lo describe con crudeza y humor. «Es un esfuerzo físico violento, pero también hay un alimento emocional que nos da la gente», afirma. Antes de salir de gira, dice, se somete a exámenes médicos e incluso acude al dentista para evitar cualquier eventualidad «como los astronautas», afirma.

El grupo ya espera con ansias los Grammy de 2026, que se celebrarán en febrero en Los Ángeles, y otro hito: el 30 aniversario de ‘La pipa de la paz’, uno de los discos de rock latino más influyentes de los noventa.

El aniversario dará lugar a nuevas versiones y colaboraciones, en un contexto en el que, como admite Buitrago, la producción de nueva música es cada vez más cara y menos rentable. «Un álbum es un animal vivo, un álbum de fotos y una gran edición», resume.

Aterciopelados continúa, no por una estrategia comercial, sino por una necesidad creativa. «Seguir haciendo música es rebelión», dice. EFE

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