El Sol baña la Tierra cada segundo con una cantidad insondable de energía, pero la tecnología humana adolece de un grave problema de miopía a la hora de captarlo. Hasta ahora, las células solares tradicionales se han topado con un «techo físico» insuperable que les impide aprovechar la mayor parte de esta luz. Este límite teórico dictaba que, sin importar lo que hagamos, un panel convencional sólo puede aprovechar alrededor de un tercio de la luz solar entrante.
Las reglas del juego han cambiado. Un equipo internacional de investigadores ha conseguido lo que hasta hace poco se consideraba imposible: desarrollar un sistema que consigue una eficiencia de conversión de energía cercana al 130%. En pocas palabras, el nuevo diseño es capaz de producir más portadores de energía que los fotones (partículas de luz) que absorbe. La clave maestra detrás de este avance de ciencia ficción no es un nuevo material sintético exótico, sino un viejo conocido de la industria pesada: el molibdeno.
La carrera de relevos cuánticos. Para comprender la magnitud de este hallazgo hay que mirar el interior de un panel solar. Según explica la Universidad de Kyushu (Japón)Generar electricidad a partir del sol es como una carrera de relevos microscópica: los fotones golpean un material semiconductor y pasan su energía a los electrones, poniéndolos en movimiento para crear una corriente.
El problema, detalla la universidad, es que no todos los “corredores” son iguales. Los fotones infrarrojos tienen muy poca energía para activar electrones, mientras que los fotones de luz azul tienen demasiada y el exceso se desperdicia inútilmente en forma de calor. Esta frustrante limitación es lo que la física conoce como el límite de Shockley-Queisser.
Saltando por encima del muro. Los científicos han recurrido a una «tecnología de ensueño» conocida como fisión singlete (SF). Según el estudio publicado en la revista Revista de la Sociedad Química Estadounidense (JACS)La fisión singlete permite que un único fotón de alta energía se “divida” en dos paquetes de energía más pequeños (excitones). Es el equivalente a comprar un billete de lotería y obtener dos premios.
«Tenemos dos estrategias principales para superar este límite», explica Yoichi Sasaki, profesor asociado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Kyushu. «Una es utilizar la fisión singlete para generar dos excitones a partir de un solo fotón».
Pero había un problema. Sasaki señala que, en condiciones normales, esta energía extra es «robada» inmediatamente por un mecanismo parásito llamado transferencia de energía por resonancia de Förster (FRET). El premio desapareció antes de que pudiera ser recogido.
Aquí es donde entra el héroe de la historia. Como se detalla en la investigación de JACSLos científicos diseñaron un complejo metálico a base de molibdeno que actúa como un emisor «giratorio». Al absorber la luz, un electrón de este material de molibdeno cambia su giro, lo que le permite capturar selectivamente esa energía multiplicada y bloquear al «ladrón» (FRET). El molibdeno consigue, por primera vez de forma eficaz, recoger el doble de energía.
El papel del molibdeno. Históricamente, el molibdeno ha sido valorado por ser un metal extremadamente refractario. El molibdeno tiene una fusión brutal de 2620 °Cbaja expansión térmica y excelente conductividad eléctrica y térmica. Estas propiedades lo hacen indispensable hoy en día para fabricar crisoles que resistan el vidrio fundido, placas base para semiconductores y componentes para electrónica de potencia que deben disipar el calor de manera confiable.
Esta misma estabilidad dimensional y conductividad térmica son las que han permitido refinar sus propiedades químicas a nivel molecular para el «spin-flip». Sin embargo, como advierte la Universidad de Kyushuestamos ante una prueba de concepto. El impresionante rendimiento del 130 % se logró en un entorno de laboratorio, combinando el complejo de molibdeno con materiales a base de tetraceno en una solución líquida. El próximo gran desafío de ingeniería será llevar esta solución del estado líquido al sólido.
Un salto cuántico forjado en equipo. Este hito nació de la colaboración con la Universidad Johannes Gutenberg (JGU) en Alemania. Fue el investigador Adrián Sauer quien conectó los estudios alemanes sobre molibdeno con los esfuerzos del equipo japonés. La sinergia fue rotunda: el estudio JACS certifica rendimientos cuánticos de entre el 112% y un asombroso 132%, logrando activar una media de 1,3 complejos de molibdeno por cada fotón absorbido.
Pero la onda expansiva de este descubrimiento trasciende los paneles solares. Tanto JACS como la Universidad de Kyushu destacan que dominar esta recolección de energía allana el camino hacia diodos emisores de luz (LED) ultraeficientes y promete revolucionar herramientas clave para la espintrónica y la emergente industria cuántica.
El fin del techo físico. El límite del 100% de eficiencia en la captura de la luz solar ha sido, durante décadas, un dogma inquebrantable en la física de materiales. Hoy sabemos que no era un muro de ladrillos, sino una puerta cerrada con llave que sólo necesitaba la llave adecuada.
Es fascinante ver cómo esta llave estaba escondida en molibdeno, un elemento de la antigua guardia industrial, forjado a altas temperaturas y conocido por su extrema resistencia. Al fusionar la fuerza centenaria de la química de los metales de transición con la vanguardia de la fisión singlete, la ciencia ha demostrado que todavía estamos muy lejos de alcanzar el techo en nuestra carrera para exprimir cada fotón que nos brinda el Sol.
Imagen | freepik y Juan Chapman
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