España juega contra Egipto y la noticia es que la afición canta canciones «El musulmán que no salta, eh, eh» y la indignación social en boca de líderes políticos y gente de bien no llegará a los medios de comunicación hasta dentro de mucho tiempo.
Señores, no sean tan amargos. No veo la xenofobia como algo más que una estupidez.
Si, esos cánticos son de mal gusto, de mala educación, pero no quiero ver a los fans. fútbol americano violencia y xenofobia adicionales, ya que la afición española refleja lo que somos: una sociedad profundamente desorientada, tímida y nublada que sólo se envalentona cuando viaja en manada.
Desde hace algún tiempo, gracias a las políticas de puertas abiertas de la izquierda y a la retórica de la derecha contra la inmigración ilegal, hemos dejado de ver al hombre en problemas y lo hemos vestido con ropas que lo hacen invisible. Así, subsaharianos, marroquíes, sirios, kurdos o gitanos rumanos, latinos… en definitiva, cubrimos de ilegalidad a todo aquel que no encaja en el concepto de civilizado y funcional, les proporcionamos ayuda, los dejamos abandonados y descontrolados y los barnizamos, en función de su origen étnico. incrédulos.
Una política de puertas abiertas no sirve ni integra si no va de la mano de una hospitalidad social que humanice a quienes llegan, y la hospitalidad social nace del trato personal hacia los de afuera.
Los inmigrantes, sean menores de edad o no, necesitan no sólo ayudas económicas, sino también un desarrollo profesional (idioma, oficio, herramientas, cultura social y laboral…) que les integre en la sociedad a la que llegan, que les llene de dignidad realizándose como personas y contribuyendo a la sociedad que les recibe, incluso generando el deseo de volver a sus hogares y contribuir allí a que su entorno crezca, que allí crezca. Ahí es donde reside la verdadera bienvenida. Y para ello, seamos sinceros, no se puede acoger a todo el que lo pide, porque no sólo no les beneficia, sino que perjudica a la madrugadora sociedad española, nos guste o no: no hay pan para todos.
Gracias al enfrentamiento político de los partidos, entre el Estado y las autonomías, a las estadísticas falseadas -que ocultan el origen y las características culturales-, a los medios de comunicación que silencian la verdad, gracias al establishment cultural actual da más miedo saltar al ritmo Un musulmán es aquel que no salta.sino preguntarnos qué nos llevó como sociedad a esta canción y por qué (contiene el mismo odio si cambiamos musulmán por Barça, catalán, Madrid, Capillita y al mismo tiempo no contendría ningún odio si ignoramos las tonterías). Nuestros líderes fueron los sembradores del odio que hoy señalan. No son ellos, no otros, los que no supieron gestionar la inmigración, ni desarrollar políticas eficaces para la integración de quienes vienen. Y son ellos los que lloran a carcajadas porque el aficionado hace canciones de mal gusto, cuando hasta hace poco tocaba toda España «Moros y cristianos» y no pasó nada.
El español de a pie debe salir del rebaño y aprender a mirar al extranjero, al inmigrante como «él mismo de otra parte», con las mismas aspiraciones y deseos, pero que necesita una mano amiga que le guíe en su nuevo hogar: España.
Almudena González
La entrada del regreso del Cuñadismo se publicó por primera vez en .