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Así es la planta de nitrógeno que blindará la movilidad eléctrica – En un click

Así es la planta de nitrógeno que blindará la movilidad eléctrica

 – En un click

Extremadura está dejando de ser únicamente un referente patrimonial y agrícola para consolidarse como un nuevo polo estratégico en el mapa de la industria energética internacional. La última confirmación de esta metamorfosis viene de China: el multinacional Jinhong Gas. El gigante chino ha elegido la capital regional para dar el salto e instalar su primera fábrica en toda Europa.

En breve. Según lo establecido en una resolución del Boletín Oficial de Extremadura (DOE)el Gobierno de Extremadura ha sido puesto a disposición del público la solicitud de Autorización Ambiental Unificada (AAU) para este proyecto. Con este movimiento se abre un plazo legal de 20 días hábiles para que cualquier persona o entidad pueda consultar el expediente técnico y presentar las alegaciones pertinentes antes de su aprobación definitiva.

Más en profundidad. De hecho, para proteger esta operación, la corporación asiática ya ha establecido formalmente en la ciudad la sociedad mercantil ‘Jinhong Gas (España) SL’, inyectando un capital social inicial de 100.000 euros.

En términos económicos y logísticos, el principal objetivo de esta planta de nitrógeno es abastecer directamente la futura gigafábrica de materiales para cátodos para baterías de vehículos eléctricos impulsada por su compatriota, la empresa china Hunan Yuneng, y que prevé movilizar 800 millones de euros y crear alrededor de 500 puestos de trabajo directos.

La base del proyecto. El DOE proporciona una radiografía técnica exhaustivo. La fábrica se construirá en la parcela I-18 del parque empresarial Expacio Mérida, ocupando una superficie de 12.000 metros cuadrados. Sus previsiones son enormes: con unas 8.000 horas de funcionamiento al año, la instalación tendrá capacidad para producir hasta 100 millones de metros cúbicos de nitrógeno al año (17.000 Nm3/h).

El proceso industrial, según el documento oficialutilizará tecnología criogénica de separación de aire. Se trata de someter el aire a un complejo circuito que incluye compresión mediante turbinas de 1.250 kW, depuración, secado para eliminar CO2 y humedad, y refrigeración extrema mediante bombas que funcionan a -196 ºC. Todo esto sucede en una “Cold Box” donde se destila el aire para obtener nitrógeno con una pureza superior al 99%.

A nivel logístico, la producción se enviará en formato gaseoso a través de ductos directos al consumidor final (como el vecino Hunan Yuneng). El resto será almacenado en estado líquido en dos monumentales tanques criogénicos verticales, de 4 metros de diámetro y 250 metros cúbicos de capacidad cada uno, para su venta a terceros. Para mantener este ritmo de producción, el proyecto estima un consumo anual de 36,8 GW de energía eléctrica y 96.000 metros cúbicos de agua.

La sed de megavatios. Al igual que las gigafábricas extremeñas, los gigantes tecnológicos que aterrizan en el país comparten una misma necesidad: una sed inagotable de energía estable y barata. Y aquí es donde España tiene los recursos para liderar el continente. Gracias a un despliegue fotovoltaico y eólico sin precedentes, el país se ha ganado el derecho a soñar con ser la gran «batería de Europa». Este inmenso potencial renovable es el imán perfecto para la nueva industria electrointensiva y es lo que nos impulsa en la carrera por ser los grandes centro de centros de datos en el sur de Europa.

Para allanar el camino, el Gobierno ya está tomando medidas para blindar estos macroproyectos del coste eléctrico, eliminando barreras anacrónicas como la obligación de consumir por la noche (las antiguas horas valle), una exigencia que no tiene sentido cuando nuestra energía solar desborda los contadores al mediodía.

Kilómetro cero de la nueva industria. Con los movimientos de tierra ya iniciados en ExpacioMérida y trámites medioambientales en su fase de exposición pública, Extremadura da un paso irreversible. La antigua capital romana abraza el siglo XXI asumiendo un papel protagonista. Ya no se trata sólo de atraer a multinacionales asiáticas, sino de demostrar que España puede combinar reindustrialización con energías limpias, consolidándose como el ecosistema perfecto para la movilidad y la tecnología del futuro.

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