Colombia se acerca al 8 de marzo con más interrogantes que certezas. Esta no es una elección cualquiera: es el momento en que los ciudadanos decidirán qué tipo de legislatura quieren para los próximos cuatro años y, por tanto, qué tan rentable será el proyecto político que llegue a la Casa de Nariño en 2026. Las encuestas abrirán un nuevo ciclo, pero también representan una oportunidad para hacer las paces con una legislatura que en la legislatura que termina dejó profundas divisiones y una sensación generalizada de desconexión de la realidad cotidiana de millones de colombianos.
La rescisión no es gratuita. En los últimos años, el Capitolio aprobó reformas que tuvieron un impacto directo en el bolsillo y la calidad de vida de los residentes. La más sensible, la reforma del sistema sanitario, provocó incertidumbre entre pacientes, profesionales y proveedores. La promesa de una mayor equidad entró en conflicto con los temores sobre la capacidad operativa del estado y los riesgos de financiación. El debate fue intenso, pero en amplios sectores persistió la percepción de que las decisiones se tomaban más bajo disciplina partidista que bajo un análisis técnico exhaustivo. Este quiebre de credibilidad pesa hoy en el ambiente electoral.
Al 8 de marzo, más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para votar, según el Registro Nacional del Estado Civil. Se elegirán miembros del Parlamento de la República para el período 2026-2030: 102 senadores por sufragio universal, 100 de circunscripciones nacionales y 2 indígenas más el escaño correspondiente en la elección presidencial; y 183 representantes en la Cámara de Diputados, divididos en circunscripciones regionales, escaños para víctimas del conflicto, comunidades étnicas, colombianos en el exterior y la fórmula vicepresidencial que consiga el segundo escaño. No son cifras frías: detrás de cada escaño hay decisiones que afectarán al empleo, la seguridad, los impuestos y los servicios públicos.
Un hecho político relevante domina esta contienda: los escaños automáticos que tenía el partido surgido de la antigua guerrilla tras el acuerdo de paz ya no estarán garantizados. A partir de ahora tendrán que dedicarse de lleno a la competición electoral. Es una señal de desarrollo democrático normal, pero también una prueba del fortalecimiento del proceso de paz en la esfera política. El nuevo parlamento debe equilibrar participación y eficiencia, representación y gobernanza.
El día también incluirá consultas entre partidos para seleccionar candidatos presidenciales. Este arreglo permite alianzas y rupturas y traza el mapa ideológico que se medirá en la primera vuelta el 31 de mayo y, de ser necesario, en la segunda el 21 de junio de 2026. Sin embargo, vale recordar algo fundamental: ningún presidente gobierna solo. La fuerza o fragmentación de la legislatura define la agenda del ejecutivo. Un conjunto atomizado puede traducirse en parálisis; Un disciplinado solo y sin reflexión puede convertirse en un simple notario.
La experiencia reciente deja lecciones que aprender. A medida que el debate parlamentario se reduce a una mayoría automática, el control político se debilita. En cuanto la oposición desaparece o el oficialismo impone matices, el debate pierde calidad. Y cuando los parlamentarios olvidan que representan a regiones y ciudadanos específicos, no sólo a partidos o líderes políticos, la democracia se empobrece. La misión 2026-2030 debe restablecer el equilibrio entre reforma y prudencia, entre cambio y responsabilidad fiscal.
Por tanto, este editorial no es un eslogan sino una invitación. Votar con conciencia implica revisar una carrera, examinar propuestas y exigir coherencia. Las simpatías ideológicas o las coloridas campañas en las redes sociales no son suficientes. El país necesita un Congreso sensato, coherente, que escuche, estudie los proyectos con precisión técnica y mida las consecuencias antes de levantar la mano. El 8 de marzo es una oportunidad para corregir el rumbo. La decisión no es trivial: dependerá de si las reformas futuras resuelven problemas reales en lugar de exacerbarlos.
XG